
lunes, 30 de junio de 2008
Y HEMOS PODIDOOOOO!!!!!!!!

martes, 24 de junio de 2008
FIESTA NACIONAL!!

jueves, 12 de junio de 2008
EL JARDÍN

Pero aquel día desde su balcón observó que no sólo había alguien en el jardín, sino que extrañamente, había siete mujeres, solas, distanciadas entre si, sin mirarse, sin hablarse, sin sentir la necesidad, siquiera, de dar a entender que incluso podían verse unas a otras. Aquello escapaba de lo habitual, pero pasado el primer momento de desconcierto, todo volvió a la normalidad en su mente, apaciguándose. Era extraña la sensación que había tenido, como se alertaba todo en su interior, pero ahora aquel sentimiento se había vuelto a dormir.
Pocas semanas después la escena se repetía, en este caso eran cuatro las mujeres que deambulaban por el maravilloso jardín. Aquello era aun más extraño. Antes jamás había nadie, y ahora se llenaba de mujeres desconocidas. Debía tener una explicación, pero su mente no lograba dar con ella, no sabía por qué era tan importante para él, pero no podía dejarlo. En su mente empezó a germinar la curiosidad, la imaginación se le desbocaba y se embargaba en el desasosiego, pero seguía sin saber el motivo, tan sólo era un jardín, por el que paseaban cuatro mujeres. Pero por mucho que se lo repetía, algo en aquella situación había cautivado su mente, que ágil, elaboraba teorías, posibilidades, a cuál más descabellada.
La rutina se fue sucediendo. Todos los días vacío, abandonado a su suerte, olvidado, para entonces, verse pleno de sonidos, de alientos, de suspiros, de nervios. Fue cuando cayó en la cuenta, siempre eran mujeres las que rondaban por el jardín, nunca hombres. Aunque eso podía explicarse porque era un convento de monjas. Pero lo que llamaba poderosamente su atención, era que todas, sin excepción, fueran altas, bajas, bonitas, feas, jóvenes o no tan jóvenes, desprendían nerviosismo, como descargas eléctricas a su alrededor, que las hacían frías, distantes. Tal vez fuera eso lo que provocaba su expectación desde un principio, que algo tan frío, tan tenso, tan distante contrastaba con aquel espacio vegetal, sereno, amable, y apacible que era el pequeño jardín del convento. Además más de una estaba embarazada, una de ellas incluso debía de haber cumplido ya las cuentas, porque realmente le costaba moverse en todos los sentidos.
Lejos estaba de sospechar lo que realmente pasaba dentro de aquel recinto, de aquellas mujeres, de sus mentes y de sus cuerpos.
Un día cualquiera, sin nada de particular abrió el periódico, mientras desayunaba, en el bar que había próximo a su trabajo, y en él pudo leer la siguiente noticia:
“Desmantelada una red de venta de bebés en un convento”
No podía creerlo, debajo del titular había una foto de su precioso jardín, debía haber un error, así que siguió leyendo.
Las monjas del Convento a través de sus colaboraciones en las asociaciones de ayuda contactaban con mujeres deseosas de abortar y las convencían para que dieran sus hijos a parejas que no podían tenerlos. Para evitar los trámites de la adopción, llevaban a cabo el parto en el hospital del convento y declaraban al bebé fallecido, falsificando las antiguas actas de defunción de los huérfanos que residían, anteriormente, en el hospicio. Mientras por otro lado manipulaban las partidas de nacimiento, también de los huérfanos, para entregárselos legalmente a sus padres-compradores, es decir a las parejas seleccionadas por las monjas previamente, que debía pagar sumas astronómicas por el “encargo”. Tenían contactos en los distintos Registros (ya se sabe que con dinero se compra todo, incluso los “propios hijos, pensó) así que a la venta de niños se suman el delito de falsificación de documento público y cohecho, pero no se han facilitado más datos sobre la trama legal.
La Madre Superiora declaró que: “lo único que hacían era salvar niños que iban a morir y entregarlos a parejas deseosas de cuidarlos, y que no podía pedir perdón por eso, ni arrepentirse” Pero cuando se le preguntó por el dinero que recibían a cambio dijo que: “no hacemos esto por dinero, sino por caridad” Este periódico ha podido conocer que se han incautado grandes sumas de dinero tanto en el Convento como en cuentas bancarias a nombre de la Madre Superiora, que ya ha sido imputada por los delitos cometidos. Se procede ahora por la policía a revisar la documentación encontrada, para poder hallar a los niños vendidos...
Se había quedado de piedra, como si su sangre se hubiera parado en sus venas. Ahora que lo leía, estaba todo más claro, él había visto a las embarazadas! Estaba indignado, delante de su propia casa se vendían niños, incluso antes de nacer! Qué mensaje recibían esos pobres niños, cómo iban ellos a valorarse en un futuro, cómo podía haber alguien tan ruin! Los mayores perjudicados, como no, o más bien como siempre, eran los niños, que ahora no pertenecían a nadie, sus padres no los querían y los que los querían no los merecían. Era triste venir a este mundo de ese modo.
Sin pensarlo, sin pararse siquiera a meditarlo, y tras muchas horas de esfuerzo, se plantó ante su novia, y le explicó como se sentía. Ella debía entenderlo, le dijo que había faltado todo el día al trabajo, y había ido de un lado a otro, rellenando formularios, y solicitando documentos, pero que al final había entrado en el programa de acogida de los niños. Por su tono ella supo que no le estaba pidiendo permiso, ni tampoco le preguntaba si estaba de acuerdo, simplemente la informaba de su decisión. Ella no sabía que decir, ni si estaba preparada, pero la conmovió cuando le escuchó decir, que no podía estar tranquilo si al menos no ayudaba a uno de esos niños a descubrir la belleza que podía encontrar en la vida. Y dicho esto la dejó allí envuelta en sus propios sentimientos y pensamientos.
sábado, 7 de junio de 2008
'EL CABALLERO SOBRE DOS RUEDAS'

Iba en su coche, conduciendo tranquilamente, cuando vio como una moto de 1000cc, aunque no se fijó mucho, parecía de esa cilindrada. La moto se adelantó haciendo unas eses graciosas y discretas, no las típicas pasadas de niñitos. Y de repente, se quedó parado a la izquierda de la calzada. Pero sólo se fijo en eso, y ella pasó al otro carril para no esperar la cola “de los lentos” que no son capaces de entrar en la rotonda sin parar dos horas a ver si pasan las hormigas primero… Entonces se dio cuenta de que el motorista hizo un gesto con la cabeza mirando su coche, pero siguió sin más, pues ya llegaba tarde y no le dio más importancia. Ella iba cantando voz en grito la canción que en ese momento ponían en la radio por casualidad, pues había cambiado varias veces de emisora, y la dejó en esa canción, de Robbie Wiliams, que tanto le gustaba. Pasada la rotonda, de nuevo se colocó a su lado el misterioso motorista, la saluda, y ella le contesta, saludándole también, sin saber quien era, pues llevaba gafas de sol y el casco. Siguieron avanzando en la carretera, en la que se había formado caravana, como siempre. Así que, de nuevo, un poco después intentó hablarle, pero ella no podía oírlo por ese lado del coche, así que el chico se dio la vuelta y por el lado derecho se acercó a la ventanilla del coche, ella bajó la ventana y de repente… sin esperarlo le dijo: “¿Te tomas una cerveza conmigo?”. No lo podía creer, era lo que menos esperaba en ese momento, pensaba que iba a preguntarle por una dirección, y toda sorprendida echo a reír. Le dijo que no, por supuesto, y él volvió a preguntarle “¿Y otro día?... aaah, increíble, pero … no lo podía creer. Un desconocido, que la invitaba a una cerveza. Nunca le había ocurrido algo parecido mientras conducía, era lo más.
El chico desapareció por la carretera.
Ella se quedó pensando, sin saber en qué…
Pero de todos modos, le pareció algo muy romántico, un asaltante de caminos, un príncipe sobre ruedas… como en los cuentos épicos… pero en el siglo XXI, sobre ruedas, que ilusión.
Puede que algún día vuelva a saber algo de él.

lunes, 19 de mayo de 2008
EL ÚLTIMO RELATO

Su agente, al principio, le había insistido en aquel tema, pero había conseguido llegar a un acuerdo, por el cual una persona debía mecanografiar las obras al mismo tiempo que se corregían. Se le consentía a pesar del retraso que suponía y de la complicación que, en ocasiones, provocaba a la hora de trascribirlas. ¿Pero cómo no? ¿Acaso no era uno de los escritores que más beneficios le procuraba a la empresa? Sus libros se vendían bien en España y en Sudamérica, y llevaba más de treinta años en la brecha.
Estaba sentado en la silla de su despacho, una leve música lo acompañaba. Siempre había música, cuando se sentaba a escribir.
La única diferencia era que llevaba allí casi dos días, en esa misma postura, sin apenas, haber comido, bebido o haberse, si quiera, levantado de aquella silla. No era extraño que le costara iniciar una nueva obra, de hecho era algo normal, pero cuando eso ocurría, era más bien, que no tenía clara la forma de enfocarlo. El papel en blanco puede ser un precipicio muy profundo, que llega a provocar vértigo hasta al más experimentado escritor. Esa era una de las grandes verdades que había descubierto a lo largo de su experiencia.
Pero en aquella ocasión, no había trazado una sola sílaba sobre aquel papel, nada, seguía tan inmaculado, tan elegante, tan frío, tan descarado, tan desconcertante como hacía dos días.
Se sentía hueco por dentro, vacío, como si su interior estuviera acolchado. Intentó llenarlo bebiendo, pero aquello sólo hizo que la sensación de vacío se incrementara, y un dolor de cabeza, que no contribuía a aclarar su estado.
¿Era eso a lo que llamaban el bloqueo del escritor? No lo creía. Para que eso sucediera debía haber algo que bloquear, algo dentro de su cabeza, dentro de él, pero no era así, simplemente no había nada. Sólo esa sensación de vacío, de cartón, como si su estómago fuera de piedra, y su cuerpo no pudiera sentir.
Fue, entonces, cuando cayó en la cuenta. No le quedaba nada por contar, nada por compartir. Cuarenta años de profesión le habían dejado seco por dentro, ya no tenía más, se había vaciado y no quedaba más que lo hecho hasta ahora.
Cuando llegó a esa conclusión se serenó, todo encajó, ya no tenía que preocuparse, aquello no tenía solución. Bueno, de hecho sí que tenía, incluso tenía dos soluciones. Una de ellas era levantar el teléfono decirle a su agente que tenía una nueva novela escrita; sólo tenía que hacer uso de la petición que le hizo el joven estudiante de literatura que le suplicó que leyera su obra. No sabía por qué, pero lo había hecho y era buena, simplemente podía publicarla antes de que se enterara y quién iba a demostrar que no era suya, la puliría, la maquillaría, y listo, no tendría nada que hacer. Pero sabía que aquello, sólo era un juego mental, no podría terminar su carrera siendo un fraude, no se lo merecía, él se había dedicado a esto por pura vocación, sino incluso por necesidad, era algo que lo arrastraba sin remedio. No, había otra solución y sabía cual era, de hecho lo tenía decidido.
Se levantó y se dirigió al mueble bar, donde se sirvió una copa y cambió la música. Descolgó un cuadro, tras el que se ocultaba la caja fuerte. Introdujo la clave y la abrió. Dentro había algo de dinero, un ejemplar de su primer libro de tirada internacional, un manuscrito y algo envuelto en un trapo.
Se apoderó del manuscrito y del objeto envuelto. Miró de soslayo el libro y volvió a cerrar la caja fuerte. Colgó el cuadro y se encaminó al escritorio. El papel en blanco y la pluma seguían allí inamovibles, inmutables, pero aquello ya no le preocupaba, había llegado el momento y lo sabía.
Se bebió de un sorbo la copa la dejó a un lado de la mesa, desenvolvió lo que había encontrado en la caja fuerte. Era una pistola. Brillaba. La había comprado en un impulso, años atrás, pero sabía que la guardaba para ese momento, cuando la tuvo entre sus manos lo sintió.
El manuscrito estaba a su izquierda, era una novela que había ido escribiendo a lo largo de su carrera, no podía ser de otra manera, puesto que versaba de su propia vida. Todo estaba allí, desde sus inicios, su juventud, sus anécdotas, hasta la madurez de su vida, sus momentos más escabrosos, sus tejemanejes, de toda su existencia. Todo aquello que era digno de mención (aunque tal vez no todo fuera muy digno) estaba allí, sus amantes, sus enemigos, sus maldades, sus disparates, y manías, sus lados oscuros, aquellos que había conseguido ocultar a todos. Sólo imaginar la cara que pondría su agente lo hacía sonreír. Ella. Aun recordaba como la conoció, como lo había convencido, o más bien cautivado, con su fuerza, su descaro, su arrogancia, su cinismo, y sobretodo con su ironía, a pesar de su tremenda juventud.
Había logrado que dejara a su primer agente y no se arrepentía de ello, tenía un instinto sobrecogedor para los negocios, la publicidad y por qué no decirlo, para los chantajes, y trapos sucios, no sabía como conseguía conocer todos aquellos detalles ajenos, pero le servían en su trabajo, de eso no había duda. Se codeaba con los grandes y se movía como pez en el agua. Con los años se había creado una fama de tiburón que tenía fundados motivos.
Ella había sido su amiga, su conciencia, su amante ocasional, su madre en algunos momentos de locura, su musa, su desahogo, e incluso su confidente para determinados casos. Ahora, como muchas veces antes, se preguntaba por qué no había otro tipo de relación entre ellos. Pero como siempre, llegaba a la misma conclusión, los dos estaban hechos de la misma pasta y no podrían entregarse a otra persona que no fueran ellos mismos y sus carreras, en sus vidas no cabía ninguna otra cosa, al menos habían compartido grandes momentos. Ella lo entendía.
Sí, ella sabría que hacer cuando lo encontrara. Aquel manuscrito era lo último que quería publicar, lo único que le quedaba por mostrar. Siempre se había negado a que le realizaran una biografía, si alguien debía escribir su vida ese era él, porque no había manera de mentirse a uno mismo, cuando se echa la vista atrás y se cuenta la verdad de tus propios momentos. Pero no quería estar allí cuando eso se diera a conocer. No deseaba ver su vida desmenuzada en programas de televisión, ver como hacían mella en aquello de lo que no estaba orgulloso, de sus errores, sus malos actos, que habían sido muchos.
Colocó la pistola en su sien derecha y sin una sola vacilación, sin despedirse de la vida, ni de los vivos, apretó el gatillo y se fue.
Su cuerpo calló sobre la mesa y por fin el papel dejó de ser blanco, impoluto, para llenarse de ese color rojo que iba creciendo por momentos, llenándolo todo.
El manuscrito y futura póstuma novela había recogido, incluso, aquel último momento, ya que sabía exactamente como acabaría aquello, por eso compró la pistola aquel día, lo tenía todo planeado. Sabía de antemano cual sería el final del libro, el nudo era lo único que había tenido que ir descubriendo, lo que le había hecho avanzar en la vida. Su último escrito se encontraba a la izquierda de lo que ya era un cadáver y lucía una primera hoja en la que podía leerse el título: “Lo que cuenta mi propia sangre”, y sobre él como ulterior detalle del destino, se habían precipitado varias gotas de ese mismo líquido de vida. Esa sería la imagen de la portada del libro, que más ejemplares vendería en toda su carrera.
Ella fue quien hizo la dedicatoria del libro, no podía ser de otra manera:
“Y él sonríe desde donde está y es libre para afilar su pluma y contar, sin miramientos, hasta el último de nuestros pecados, ya que se quedó libre de los suyos con este libro. Te maldeciré por irte tan lejos sin decirme adiós y te echaré de menos, hasta que volvamos a vernos, en nuestro propio infierno”
martes, 6 de mayo de 2008
SOLUCIONES DE CINE

2. No permitiré que nadie te arrincone. (Dirty Dancing) (Lo resolvió Matriarca)
3. ¿Qué quieres de mí?
-Quiero el cuento completo. (Pretty Woman) (Lo resolvió Petardilla)
-Tú sigues siendo mi enemigo hoy, pero incluso entre enemigos puede haber respeto. (Troya) (Resuelta por Ciudadano)
24. A veces te echo tanto de menos que no lo soporto (Brokeback Mountain) (NO resuelta, frase del último encuentro de los dos en la montaña)
25. Hemos acabado con las mentiras y los mentirosos en este casa. Cierra la puerta con llave. (La gata sobre el tejado de Zinc) (NO resuelta, Ultima frase de la película, con la que se cierra la última escena, dicha por Paul Newman)
26. Creo que vas a perder ese avión nene.
-Lo sé (Antes del Atardecer) (Resuelta por Doña Tecla)
27. Lo nuestro no acabó jamás ha acabado. (El Diario de Noa) (NO resuelta, frase de Ryan Gosling, cuando intenta recuperarla, junto al embarcadero)
28. ¡O tú o yo o los dos hemos de ir con él! ¡O tú o yo o los dos hemos de ir con él! (Romeo + Julietta) (NO resuelta, es la frase que Leonardo Di Caprio, le dice a Teobaldo antes de matarlo, después de que éste mate a Mercucio, es la escena con más fuerza de la película, con toda seguridad)
29. Lo que no sé...Todas las cosas que no sé, podría matarte si llego a saberlas... Y no es broma. (Brokeback Mountain) (NO resuelta, frase de Heat ledger cuando cela a Jake Gyllenhaal, en el último encuentro entre ambos, es una gran actuación)
30. ¿Qué te gustaba de nosotros?
31.Tengo más razones para odiarte que cualquiera... pero he descubierto que aun sigo creyendo en ti. (Robin Hood) (NO resuelta, frase de Christian Slater, cuando desvela que es hermano de Robin Hood)
32. Me has dado muchas razones para no casarte, pero aun no has dicho lo único que podría convencerme
-¿Qué es?
-Dime sencillamente que no me quieres. (Marcado por el odio) (NO resuelta, conversación entre Paull Newman y Pier Angeli, ante el juzgado antes de dar el paso)
33. Ahora es cuando tú me dices "espera, no te vayas".
-Lo siento no se como funciona esto. (Mil ramos de rosas) (NO resuelta, Conversación entre Christian Slater y Mary Stuart Masterson, al final de la película, cuando intenta retomar la relación)
-Hasta el aire me parece que me falta cuando no te tengo junto a mí... Pero yo sé que todo lo que haga a partir de este momento será para ti un dolor como jamás habrás sufrido. Será mejor que dejes de quererme!! (Y esta que es una de mis favoritas imagino que os sorprenderá pero es nada más y nada menos que de BEN HUR!!!) (NO resuelta, es la conversación entre Charlton Heston y Haya Harareet, cuando ella le suplica que no se enfrente a Mesala, pero él no está dispuesto a dejar su odio a un lado) Me encanta esta escena!!!.
lunes, 28 de abril de 2008
A JUGAR!!
Siento decir que hasta finales de mayo voy a estar algo liada con unos cursos y unos exámenes. Eso no quiere decir que vaya a dejar el blog, ni mucho menos, pero lo actualizaré, seguramente, más de tarde en tarde (aunque intentaré hacerlo una vez a la semana, sed comprensivos) y no tendré demasiado tiempo para visitaros en vuestras ventanas al mundo, osea vuestros blog, pero prometo no dejaros abandonados del todo, porque sino ¿cómo desconectaré de mi propia vida?En fin que para dejaros entretenidos, os voy a proponer un juego. Os acordáis cuando de niños jugábamos a las películas, pues bien es algo así pero sin gestos, porque desde donde estoy no podríais verme. Es más que nada porque me encanta el cine, es una de mis pasiones, pero sobretodo suelo quedarme con frases o escenas, que algunas veces son reconocidas por todos y otras pasan totalmente inadvertidas. Bueno voy a poner unas cuantas y espero que me digáis a que película corresponde (ojo, puede ser que haya más de una frase de la misma película) Debo advertir que hay alguna que es para nota!
Espero que os entretengáis y que acertéis muchas!!!! A jugar!!!!!!!!! (soy como Joaquín Pratt) ¿Empezamos? Las hay fáciles y difíciles. Suerte!!:
1. Realmente mañana será otro día.
2. No permitiré que nadie te arrincone.
4. Si te pregunto por el amor me citarás un soneto, pero nunca has mirado a una mujer y te has sentido vulnerable
5. Nunca llueve eternamente.
6. Por la mañana seremos historia.
7. El odio es un lastre, la vida es demasiado corta para estar siempre cabreado
8. A veces es más fácil vivir en la mentira.
9. Dame tu mano, ¿sabes qué es esto? Es mi corazón... y está roto ¿Puedes sentirlo?
10. Somos el resultado de la suma de todos los momentos de nuestra vida
11. Todos los hombres mueren, pero no todos realmente viven
12. La esperanza es muy peligrosa puede volver a un hombre loco.
13. La venganza no lo es todo, pero ayuda.
14. Pase lo que pase mantente con vida. Iré a buscarte. Por mucho que me cueste, por muy lejos que estés te encontraré.
15.Tú tienes algo que él no tiene... tienes corazón.
16. La muerte no detiene al amor lo único que puede hacer es demorarlo.
17. Siempre resultó ser demasiado tiempo.
18. Ahora esta mujer es suya. He pagado a mi zorra. No te debo nada, no eres nada para mí. Gracias por curar mi ridícula obsesión por el amor.
19. Nadie es un fracaso si tiene amigos.
20. Soy un juguete del destino.
21. Mañana volveréis a ser mi enemigo.
22. No creo que pueda ver otra puesta de sol sin pensar en ti.
23. El me salvó de todas las formas posibles en que puede salvarse a una mujer.
24. A veces te echo tanto de menos que no lo soporto
25. Hemos acabado con las mentiras y los mentirosos en este casa. Cierra la puerta con llave.
26. Creo que vas a perder ese avión nene.
-Lo sé
27. Lo nuestro no acabó jamás ha acabado.
28. ¡O tú o yo o los dos hemos de ir con él! ¡O tú o yo o los dos hemos de ir con él!
29. Lo que no sé...Todas las cosas que no sé, podría matarte si llego a saberlas... Y no es broma.
30. ¿Qué te gustaba de nosotros?
-La forma en que bailábamos.
31.Tengo más razones para odiarte que cualquiera... pero he descubierto que aun sigo creyendo en ti.
32. Me has dado muchas razones para no casarte, pero aun no has dicho lo único que podría convencerme
-¿Qué es?
-Dime sencillamente que no me quieres.
33. Ahora es cuando tú me dices "espera, no te vayas".
-Lo siento no se como funciona esto.
34. Eso es lo que hacemos discutir........ No será fácil, va a ser muy duro. Tendremos que esforzarnos todos los días y quiero hacerlo porque te deseo.
35. ¿Es qué ya no queda nada entre tú y yo? ¿Ni aun amor?
-Hasta el aire me parece que me falta cuando no te tengo junto a mí... Pero yo sé que todo lo que haga a partir de este momento será para ti un dolor como jamás habrás sufrido. Será mejor que dejes de quererme!! (Esta es de matricula, aunque seguramente la hayais visto muchas veces)
(Prometo resolver aquellas que no se descubran)
Espero que os haya gustado.
Hasta la próxima desconexión!!!!
lunes, 21 de abril de 2008
LOS QUE SE VAN (VENCIENDO A LA MUERTE)

se entretenía entre los pliegues de su rostro
sus marcas de desdicha y alegría.
Sus manos de cartón se resquebrajaban
sus hombros se encorvaban sin remedio
su pecho se dejaba dominar por sus miedos
De pronto su cuerpo no responde,
su aroma se olvidaba entre los olores de hospital
su voz cada vez más queda
Ahora su imagen se difumina en mi mente
se aparta de mí y huye.
Me castiga con su olvido
No, no son ellos los que nos dejan
somos nosotros lo que los empujamos más allá
pero entonces por qué se aleja de mi mente
No, no se van y nos abandonan
sólo deben partir, porque su hora ya fue
sólo resta pedirle que nos dejen algo de ellos aquí
No es posible que la paz de los que se van
se encadene con los que se quedan
su paz no calma el desconsuelo de los que no parten
Su nuevo camino no los apartará de mí.
Me niego a salirme del camino
me niego a perder el rumbo de su estela
Mi corazón se paró en un pasillo de hospital
y no partí pero hoy que continua su caminar, a ritmo,
sin descanso persigo su recuerdo.
Y nunca seré vencida en mi empeño
ni consentiré que se aleje burlándose de mis recuerdos.
La muerte no vencerá ni me oirá suplicar.
Conseguiré que se aparte triste y derrotada en su misión
conseguiré que se pierda dentro de mi ímpetu
conseguiré aferrar a mí su tiempo trascurrido y marchito
No perderé esta batalla, los recuperaré en cada palabra
los haré regresar cada vez que me hagan falta
los instalaré dentro de mí y ella será la única gran conquistada
Hasta la próxima desconexión!!!!!
miércoles, 16 de abril de 2008
UNA PARADA DE AUTOBÚS Y DOS PASAJEROS

Era un hombre mayor, su rostro lleno de arrugas no daba a entender que fuera un mal hombre, pero tenía unos extraños ojos azules, casi transparentes, que le otorgaban una frialdad inusual a su expresión. Sus manos temblaban ligeramente y la miraba, siempre la miraba, la traspasaba.
Todo había comenzado dos meses atrás, lo encontró por primera vez allí mismo, en aquella parada de autobús. La miró indiferente aquel día, pero se sentó a su lado en el trayecto a casa. Al día siguiente, ocurrió exactamente lo mismo. Siempre se sentaba a su lado en el autobús, no hablaba con ella, pero en todo momento estaba cerca, si no había un asiento libre, permanecía de pie a su lado.
Tras las cuatro primeras noches, aquella actitud la empezó a molestar, después de diez días estaba asustada.
Cambió su hora de salida de la oficina, pero lo encontró en el mismo lugar, y la misma escena se repitió. Tras un mes, sus nervios estaban desatados, tenía mucho estrés acumulado, gritaba a todo el mundo, y sus emociones estaban a flor de piel. No podía seguir con aquello.
Decidió dejar de usar el autobús, e irse a casa en taxi, pero con todos los gastos mensuales que tenía su sueldo no daba para tanto. Así que allí estaba, de vuelta a la parada de bus, y, como no, allí estaba él, fiel a su extraña cita.
Lo peor de aquella noche es que no había nadie más en la parada que ellos dos. Se quedó lo más alejada posible del anciano que atormentaba su mente, e intentó pensar en otra cosa.
Él nunca había sido violento, descortés, o impertinente con ella, pero su comportamiento daba alas a su mente. No encontraba una razón para aquello y ella era una mujer racional, debía haber una razón, una explicación, pero no lograba vislumbrar cual podía ser.
Estaba pensando en ello, cuando sintió que algo rozaba su codo. Se sobresaltó de tal manera que casi cayó al suelo. Aquellos ojos siniestros estaban pegados a su rostro. Sintió un escalofrío recorriendo su cuerpo y el impulso descontrolado de gritar, pero en ese momento, justo, él sonrió. Se sintió tan desconcertada que por un momento no supo como reaccionar...
Todo había sido una locura. Ahora se sentía estúpida. Su mente le había jugado una mala pasada. Iba sentada al lado de aquel señor recordando lo que la había contado unos momentos antes:
-Siento haberla asustado, no era mi intención. La he estado esperando ¿ha estado enferma?
-No. No que va.
-Muy bien, me alegra oírlo. Creía que le había pasado algo porque ya no venía a coger el autobús
-¿Y dice que me esperaba? ¿Por qué?- aun no estaba demasiado confiada, si sabía sonreír, pero aquello no era una garantía de nada.
-Oh! Claro, por qué...
Vaciló unos segundos antes de contestar, cerró los ojos, respiró profundamente y sonrió.
-Por ella- dijo manteniendo los ojos cerrados.
Tras esto le contó que usaba el mismo perfume que su hija que había fallecido hacía casi un año, debía tener más o menos su misma edad, pero en los demás no se parecían en nada, pero aquello no tenía importancia, porque cuando se sentaba a su lado en el autobús o se mantenía cerca de ella, lo suficientemente cerca, y cerraba los ojos, aspiraba su perfume, y ella ya no era ella, sino que era su hija la que aparecía ante sus ojos cerrados, la que ocupaba el asiento de al lado, la que conversaba con él en su mente y le contaba lo mucho que lo extrañaba.
Aquel era su único consuelo, y los días que no había aparecido había vuelto a perderla de nuevo.Ella no le habló del miedo que le hizo sentir, ni de sus sospechas, la había enternecido tanto que estaba a punto de llorar, incluso se sentía mal por haberlo privado de aquel momento diario, por sus elucubraciones. Recriminándose estaba cuando el autobús los recogió a ambos en la parada, dejando su perfume desparramado por el aire y trayendo de vuelta aquella hija arrebatada.
PREMIO CALIDEZ

domingo, 13 de abril de 2008
ENCUENTRO CON SABOR A REENCUENTRO (II)

No podía perder el tiempo, tal vez, no era demasiado tarde. Sentía los pulmones a punto de reventar, pero se dio cuenta que era peor dejarla ir, porque tal vez no fueran los pulmones lo que reventara, sino algo mucho más importante.
Llegó a la puerta de embarque, justo cuando iban a cerrarla. Gritó, gesticuló, hasta que lo vieron. La azafata un poco sorprendida, le dijo que estaban a punto de despegar, que casi no llegaba, y le solicitó la tarjeta de embarque. Pablo enseñó la suya, mientras imaginaba, como segundos antes Laura había cruzado esa misma puerta. La azafata muy amablemente le explicó que se había confundido de vuelo, y cerró la puerta tras de sí.
Intentó explicarle la situación, la desesperación transformaba su rostro, y no podía entenderlo, ni siquiera él se reconocía en aquel sujeto, fuera de sí. Vio la cara de terror de la chica y comprendió que era inútil seguir intentándolo. Aquello había terminado, había vuelto a perderla.
Se disculpó, dio media vuelta y se alejó de aquella puerta que cortaba la conexión, con aquella parte de sí mismo que aun no había olvidado.
La historia volvía a repetirse, aun podía recordar, como veinte años atrás, había sido él quien se había ido dejándola sola, de pie en la estación de tren. Aun podía ver su rostro alegre, cuando subió al vagón y como aquella sonrisa se transformó en llanto, cuando lentamente el tren se lo lleva lejos y creía que él ya no podía verla. Ahora sabía como se sentía, sola en aquella estación, ahora probaba las amargas hieles, consecuencia de su cercanía, pronta, inesperada, fresca, y de su perdida repentina, sin sentido, sin avisar, sin piedad, sin justicia. Ahora era él quien quedaba solo y lleno del sabor amargo de la felidad perdida.
De pronto, como en un sueño, volvió a escucharse la voz por megafonía: “Pablo Jiménez tiene una llamada acuda a los teléfonos más cercanos”
Como un autómata se encaminó a los teléfonos de la cafetería, que no eran los más cercanos, pero quería saber si su equipaje aun estaba allí, aunque no contaba con ello.
Seguía rumiando su mala suerte (por llamarlo de algún modo) cuando descolgó el teléfono y se identificó. Al otro lado de la línea la señorita, le dijo un escueto “lo paso”. Pero tras el habitual clic, no había nadie
-¿Sí? ¿Hola?
-Lo siento señor, parece que se ha cortado.
-Gracias-y colgó.
Cuando se dio la vuelta estaba parada frente a él. Pablo no podía moverse, no sabía si estaba alucinando, debía estar volando, pero estaba allí. Laura dio un paso hacia él y le dijo:
-Se me olvidó decirte una cosa y no quería irme sin hacerlo.
Él no podía articular palabra. Su garganta se había cerrado, como si una mano, muy caliente aferrara su cuello, dejándolo quieto, sin moverse, ahogado en su propia voz.
Era una frase sencilla, pero era justo la frase que él quería escuchar de ella, y ambos lo sabían.
Laura empezaba a sentirse un poco desilusionada. Tal vez, él no había sentido lo mismo que ella, ahora debía estar en el avión rumbo a su vida de siempre, y sin embargo estaba allí, como si tuviera quince años, así se sentía, dispuesta a arriesgarlo todo, como nunca antes. Por eso no se movió, esperaba una respuesta y la esperaría para siempre si era preciso.
-YO TAMBIÉN TE HE ECHADO DE MENOS- dijo al fin
Se acercó a ella le retiró el pelo de la cara, la miró a sus preciosos ojos, cogió su mano entre las suyas y salieron del aeropuerto juntos, como debieron salir de aquella estación de tren veinte años atrás.
viernes, 11 de abril de 2008
PREMIO 2008

martes, 8 de abril de 2008
UN ENCUENTRO CON SABOR A REENCUENTRO (I)

-La señorita Laura Espejo Martín tiene una llamada, pase por el teléfono más cercano.
En ese momento la vio. Con su traje de chaqueta claro, y su pelo moreno, de blondos rizos acariciando su rostro. Estaba tan distinta y sin embargo era ella. Esperó a que terminara de hablar por teléfono y se acercó a ella.
-¿Laura, eres tú?
- Disculpa. ¿Te conozco?
-Soy Pablo. Pablo Jiménez.
-Oh! Dios! Eres tú de verdad. Madre mía, cuanto tiempo ha pasado. ¿Veinte años?- le preguntó mientras le abrazaba, fuerte intensamente, respirando su olor, recordándolo.
-Algo así creo.
-Aun no puedo creerlo. Nunca te habría reconocido.
-Yo a ti sí- ella lo miró atónita- No me mires así he oído tu nombre por megafonía, ja ja.
-Sigues igual que siempre- le recriminó.
-Aunque no me ha costado convencerme de que eras tú. No has cambiado mucho
-Vamos. Pero si tenía unos diecisiete años cuando nos vimos por última vez. Y ahora rozo los cuarenta.
- ¿En serio?- le dijo jocósamente.
-Oye que tienes mi misma edad, a mi no me la cuelas.
-Sí es lo malo de los amigos de la infancia. ¿Tienes prisa o puedes tomarte un café con un carroza?
-¿Prisa? En este aeropuerto aunque tenga prisa no voy a ningún sitio, han retrasado mi vuelo, tenía que haber salido hace dos horas
-El mío también se ha retrasado, pero ahora ya no me molesta tanto.
Se dirigieron a la mesa que antes ocupaba él, había un café solo, sobre la mesa y un maletín.
-Dime en diez palabras que es de tu vida. Creo que mi vuelo sale en una hora, asi que no creo que tenga tiempo para escuchar la versión larga.
-Bien. Trabajo de arquitecto
-Al final hiciste realidad ese sueño. Era algo de lo que no me cabía duda.
-No ha sido fácil. Que más... umm, vivo en Madrid, en un piso céntrico, con mi perro. Y he estado aquí por motivos de trabajo. ¿Y tú que me cuentas?
-Bueno. Yo soy escritora, he venido a promocionar el último libro. Vivo en Galicia, y aun no me he comprado el gato que quería, no tengo tiempo para cuidarlo. Y tengo que volver a la promoción en cuanto se despeje este aeropuerto.
-¿Te casaste?- lo dijo sin pensar, aunque realmente era lo único que le interesaba saber. Pero debia reconocer que no sabía exactamente que haría con esa información.
-No. Que va. Quien iba a soportarme, ja ja.
-Entonces en eso tampoco has cambiado- y le dedicó esa sonrisa llena de encanto. Esa sonrisa que ella tanto conocía y que no sabía que añoraba hasta aquel instante. Aquel instante en que el tiempo se volvió atrás y le llevó de nuevo a los diecisiete años, cuando ambos se complementaban y se deseaban, cuando el lazo que existía entre ellos aun no se había soltado, cuando se habían descubierto el uno al otro.
La hora pasó en un suspiro, no oían las voces de los demás clientes, ni como se iba vaciando la cafetería, nada los distraía, estaban retomándose, llenándose el uno del otro. Habían sentido, como el hilo invisible que los unía antaño los había vuelto a conectar.
De pronto la megafonía hizo de nuevo su aparición. Era la última llamada para el vuelo de Laura. Ella pareció despertar de un sueño. Se puso tensa, tenía que coger ese vuelo, no podía perderlo, se levantó de un salto de la silla y se despidió tan deprisa como se habían encontrado.
-¡Espera!
Ella se giró y en su cara se reflejaba la imposibilidad de permanecer por más tiempo allí parada.
-Tengo que irme. Tengo muchísima prisa. Como pierda este avión estoy perdida.
Y salió corriendo con la maleta de mano por el aeropuerto.
-¡Adiós!
Pablo pudo sentir como aquel lazo especial que los unía se iba haciendo cada vez más fino, cada vez más delgado y frágil, hasta que pudo oír el crack cuando se rompía, justo cuando su silueta se perdía entre la muchedumbre.
Hasta la próxima desconexión!!!!!!!!!!!!!
jueves, 3 de abril de 2008
PARÉNTESIS

Me marcharé y retornaré con energías renovadas y renovables, y volveré al camino, con andares suaves, y alegres, con historias nuevas y experiencias vividas y con nuevos recuerdos y pesares, que me ayudarán a recordar por qué me encanta salir de fin de semana con los amigos y llevar nuestros relatos más allá de las fronteras de nuestro discurrir diario
¡Me voy! Me voy a Madrid para ver el musical "Jesucristo Superstar", con dos amigos! Nos vemos a la vuelta, espero traeros aires frescos en la maleta y algún que otro personaje siniestro, u alegre, que según Jordicine, mi afición a los finales “durillos” como los llama él, se están acumulando y eso no es bueno.
Hasta la próxima desconexión!!!!!!!!!!!!!