domingo, 24 de febrero de 2019

OJALÁ PUDIERA ESCRIBIR COMO DON ANTONIO MARTÍNEZ ARES


Me encantaría escribir como Antonio Martínez Ares, aunque su sentir y su estilo sean irrepetibles. Esa capacidad de hacer bonito el propio llanto, la forma en que te estruja el corazón y cuando crees que tu emoción está en lo más alto, la letra da un giro y  se te pellizca el alma y te brinca la sangre, inundando el recuerdo y la razón con una sensibilidad que remueve conciencias.
Mataría por escribir como Antonio Martínez Ares, con palabras sencillas sobre enormes momentos, con cuartetas que guardan bajos sus aguas mayores secretos, con letras que vislumbran fantasma que pretendemos enterrar sin tumba.
Desearía escribir como Antonio Martínez Ares, con aires del sur y vientos de lejanías, con olor a orgullo de tierra, con sentimientos acompañados a guitarra y cantados en "pequeñito" que te esponjan el interior y te hacen batir los párpados, que remueven sentimientos y forman los acordes de verdades claras.
Aun sabiendo que es imposible, aquí dejo mi admiración y mi anhelo para que todo el mundo sepa que, ojalá pudiera escribir como Don Antonio Martínez Ares.

Quería hacer un pequeño homenaje (si se puede llamar así) a Don Antonio Martínez Ares, este gran compositor, muy conocido por sus comparsas, y que el año pasado nos regaló una llamada "El Perro Andaluz",  (que tuve la suerte de ver en directo en Málaga) y que como andaluza no podré olvidar, ni sentir mayor admiración (léase también envidia).

Os dejo su actuación en la final del concurso del Teatro Falla de Cádiz del año pasado, porque solo con la presentación os quedaréis alucinados.
Este año compite con los "Carnivales" y sus pasodobles de cuartos de final no podrían ser más bonitos.


Hasta la próxima desconexión.

domingo, 10 de febrero de 2019

RETOMANDO VIEJOS HÁBITOS QUE PARECEN NUEVOS.



Una vieja libreta a la que aún le quedan páginas en blanco. La pluma, por muy tópico que suene, a la que aún le quedan cartuchos de tinta. Una canción triste e instrumental sonando en mi reproductor y el sol entrando por la  ventana, calentando la mesa de madera en la que apoyo los brazos para retomar este viejo hábito de contarle al folio algún susurro, alguna anécdota, alguna verdad a medias, alguna falacia que me creo. Viejos hábitos. Relecturas de escritos que parecen paridos por alguien ajeno a quien escribe ahora, pero al que distingues en el fondo de las palabras, sentimientos compartidos con un extraño, una conexión, pero no el reconocimiento de uno mismo. Escritura que se deforma por las prisas con que son escritas las palabras, como si el tiempo que tomara el darle forma pudiera borrarlas de mi cabeza. La agonía mal entendida de la tardanza al escribir a mano, que una vez más me aleja del teclado y me reúne con la pluma, que sigue veloz su camino sin saber dónde llegará y cuándo se detendrá.
   Esa misma pluma que conoce la verdad que no se refleja, la que sabe que la cobardía es el nexo que une los escritos aireados y la que deja en un cajón la verdad, los secretos, lo que duele, lo que asusta, lo que se ansía. Esa pluma cómplice, instrumento, mentirosa, certera, embaucadora y disfraz. Esa que acompasa su ritmo cuando siente que se acaba la tinta o el tiempo, conocedora de que su trazo puede revelar alguna verdad que haga salir un sentimiento escondido, la que desacelera su paso para cerrar grietas en la armadura del que escribe con una máscara puesta, del que no arriesga, del que sufre camuflando desahogos. La que vierte su tinta como un bálsamo que acalla el estruendo permitiendo volver a oír, aunque solo sea por otro día, por otro momento, mientras lo escondido se agazapa, esperando nuevas heridas para contraatacar, silencioso, paciente, imperecedero.

Hasta la próxima desconexión.

domingo, 3 de febrero de 2019

CALCETINES MÁGICOS



Volvía a casa tras un largo día de trajes grises y sonrisas de alambre. Un gusano de hierro la llevaba bajo tierra impidiendo que la claridad del crepúsculo inundara sus apagados ojos. La música se derramaba por sus oídos acompañándola en su lenta lectura, aislándola del mundo.
   Enérgicos pasos acompasaban sus doloridas rodillas y tensos tobillos de camino a casa. Al traspasar el umbral de su hogar se aligeraba un poco el peso de la jornada, conocedora de lo que sucedería en los próximos minutos.
  Se quitó de encima el gris con ágiles manos, que volaban sobre su ropa, mientras se erizaba la piel por el cambio de temperatura y la emoción del por llegar. Con rapidez sacó del primer cajón esos calcetines de colores, brillantes, de algodón, absolutamente incorrectos y se los puso sintiendo como se relajaba. Terminó de vestirse. Rauda, bajo cadenciosos mantras llegó a su acogedor destino. Allí una “bruja” extendía la sonoridad de su risa por todos los rincones poco iluminados, atravesando paredes, consiguiendo que la energía fluyera suave a su alrededor.
  Tras acomodarse con sus piernas dobladas sosteniendo el peso de su espalda, comenzó la relajación, inhala, exhala, inhala, exhala… y poco a poco el color volvía a posarse sobre la oscuridad que existía tras sus párpados, dibujando, en aquella neblina, figuras olvidadas, aligerando su mente, preparada para la desconexión de una hora y cuarto que se regalaba.
  Empezaba su clase de yoga.



Hasta la próxima desconexión.

sábado, 19 de enero de 2019

TENER BUENA MEMORIA ES UN DON.



"Tener buena memoria es un don". Estudiar, trabajar, socializar, ser detallista... pero en otras ocasiones la memoria es una herida autoinfligida cuyo torniquete se ha aflojado. Revivir un recuerdo, si es uno bueno, es una bendición, pero si es una pesadilla y puedes rememorar hasta los olores que te envolvían, cuando en tu sangre se ha grabado ese terrible momento y vuelve a ti fluyendo como el agua de un río que escapa a tu control, si baja tus defensas y se abre la presa, en ese instante, la memoria es un castigo inevitable. Esas memorias se convierten en el lodo al que acudir, en el que insistes revolcarte cuando se abre la compuerta.
Aparece el más leve rasguño en la barrera y todo vuelve a golpearte, como si hubiera sido ayer.
Sí, la memoria, ese gran...don.

lunes, 12 de febrero de 2018


Una mañana de febrero anudó sus miedos, los trenzó muy fuerte, hasta crear una gruesa cuerda con la que formar un lazo y atrapar los sueños, que un día creyó demasiado lejos.



Hasta la próxima desconexión.

martes, 16 de enero de 2018

RESEÑA MOLLY´S GAME

Bueno, pues empieza otro año y lo hace de cine.
Os dejo, en mi otra casa, la reseña de la primera película como director del señor Aaron Sorkin, "Molly´s Game".
Recomendada 100%.
Espero que os guste, interese o lo que sea.


lunes, 8 de mayo de 2017

VICIO OCULTO (Tal vez no tan oculto)

Os dejo (tras mucho tiempo, lo sé) mi pequeña colaboración con un blog amigo BibimbapDramas
Reconozco que no solo soy consumidora de series asiáticas, sino que las traduzco y las fomento todo lo que puedo, por lo que cuando una mujer (a la que hace tiempo considero amiga, aunque sea virtual) como "La Ahjumma" me invitó a colaborar en su "proyecto especial", para intentar hacer ver que las series asiáticas existen, como fan, no podía decir que no. Así que os dejo el enlace por si os apetece pasar a echarle un ojo al artículo. ¿Quién sabe? Tal vez os pique la curiosidad o, si ya os picó, podáis hacérselo llegar a otros.


¡Hasta la próxima desconexión!

domingo, 2 de abril de 2017

EN MI OTRA CASA



Esta vez también se trata de una entrada que proviene de la amistad, pero os la dejo en mi otro rincón de inspiración.

Hasta la próxima desconexión.

martes, 21 de febrero de 2017

AMISTAD y PROMESA


Se encontraron por casualidad en un bar, antes solía ocurrir a menudo, pero esas casualidades eran cada vez menos desde que él se había mudado. Ahora jugaban a encontrarse cuando regresaba a su ciudad natal. Aun así, habían logrado mantener su amistad a lo largo de los años y siempre estaban cerca en los momentos importantes, como este.
Ella estaba con un grupo de amigos tomando unas tapas, se abrió la puerta y él apareció. Iba solo, con su barba de muchos días y sus pantalones bajos. Como si un resorte se activara se levantó de la silla y fue a saludarle. Los abrazos con las miradas llegaron antes que con los cuerpos. Lo ojos empañados. El abrazo duró cinco segundos más de lo que solía hacerlo, apretado. Al separarse, las lágrimas acariciaban sus pestañas:
―¿Estás bien? ―le preguntó con la garganta contenida y los ojos más abiertos de lo normal.
―Sí. No me mires así, si lloras vas a pegármelo ―indicó él, desanimado.
―Ya, ya está ―se limpió con rapidez los visos de tristeza― ¿Quieres tomar algo? ¿Vamos a otro sitio? ―se giró para pedir disculpas con un gesto al grupo que pretendía dejar allí.
―Solo si no hablamos del tema. Nada de cosas tristes. Ya no lo soporto, sabes ―con aquel gesto cansado no parecía el de siempre.
―Te contaré todo lo gracioso que me haya pasado desde que no nos vemos, y si no me lo inventaré. Sabes que soy buena contando historias ―sonrió y se colocó la máscara y la nariz de goma para su próxima actuación― pero debes prometerme algo.
―¿El qué?
―Prométeme que te reirás de todas las anécdotas y tonterías que te cuente; aunque sean malas y sin gracia, incluso si ya te las he contado.
―Prometido ―y sonrió como si dos alambres tiraran de su fatigado rostro, intentando abrir la puerta a la recuperación.

Hasta la próxima desconexión.


domingo, 12 de febrero de 2017

ÉRASE UNA VEZ



"Érase una vez", según los entendidos del mundillo, empezar con esta frase un cuento está mal visto, puesto que se considera una expresión usada en demasía. No estoy de acuerdo, lo digo sin tapujos. Cuando mi sobrino tenga edad para contarle cuentos usaré esa mágica frase para comenzarlos todos. ¿Por qué? Porque solo con escucharla sabes que la lógica, lo racional, se escapa por la ventana, que es el momento de las aventuras, de los castillos, de los héroes y de la magia, como si fuera un conjuro que te transportara de tu mundo a otro, más brillante, más claro, donde hay una verdad inmutable que el bien vencerá al mal. Así que perdonad todos aquellos maestros de librillo si sigo usando en mis cuentos infantiles el "Érase una vez", y consigo con ello que los niños abran sus ojitos como platos y me miren pidiendo que aparezcan ya los héroes y lo villanos.

Después de reivindicar (deformación profesional según algunos que yo me sé) os invito a que paséis por mi otro blog, en el que comparto sueños (magia, cuentos y realidades) con otros seis mosqueteros de las esquivas palabras, y leáis mi último cuento (no infantil), aunque no empiece por el difamado Érase una vez. Rebelaos junto a mí y colocarlo (aunque sea en vuestra cabeza) justo antes de empezar a leerlo, [si es que os pasáis :p]

Hasta la próxima desconexión.

jueves, 26 de enero de 2017

PALABRAS



Siempre te han dicho que las armas las carga el diablo, pero pocas armas hacen más daño que las palabras. Piensas que es un cliché, o una exageración, pero las palabras hieren durante años y las balas, tan solo una vez.
Corroen la conciencia poco a poco y se instalan en tu mente apoderándose de sus resquicios, invadiéndola como un virus que ataca en silencio, a oscuras, a cualquier hora. Se aprovechan de tu sueño, de tus momentos libres, de tus defensas bajas. Acuden como un mantra, condicionando lo que haces.
Hay frases que recuerdas durante años palabra por palabra, como si te apuñalaran la cabeza; resuenan como las oraciones aprendidas de niños. Cuando crees que has olvidado, se deslizan por uno de esos huecos y de nuevo cierras los ojos, aprietas los dientes, sientes: la misma vergüenza, el enfado, la tristeza... Renace lo que dijiste, oíste, o escribiste.
Contra ellas no hay corrector que te salve, ni vacuna que te aísle, ni jarabe que las aplaque. Son la cara oculta del arma que inventó el hombre y que a algunas veces, fingiendo la dulzura que no tienen, se visten de poesía.

¡Hasta la próxima desconexión!


lunes, 14 de noviembre de 2016

AYER y MAÑANA




Ayer las agujas de las dobles esferas no importaban.
Ayer el tiempo se detuvo y retrocedió a viejos caminos.
Ayer el giratiempo azul y rojo trajo aromas de antaño.
Ayer fue ayer y mucho más atrás.
Ayer saboreé el jengibre del presente y
una picante promesa del mañana.

Hasta la próxima desconexión.

                        

jueves, 20 de octubre de 2016

BASTA YA. NI UNA MÁS

Vaya por delante que sé que no sirve de mucho escribir sobre el tema en un pequeño blog como este y que hay personas que lo harán mil veces mejor, pero permitidme el desahogo, y perdonadme el enfado y la frustración.

Ayer ocurrió uno de los hechos más viles que pueden suceder en una sociedad civilizada, no ha sido la primera vez y mucho me temo, (y ojalá me tuviera que tragar estas palabras) que no será la última.
En Argentina (y podría haber sido en cualquier parte) tres sujetos violaron, empalaron y mataron a una chica de dieciséis años. Así de crudo, así de obsceno y así de real. Dieciséis años. 
Tengo amigas en ese país y algunas de ellas no distan mucho de esa edad, solo pensarlo hace que se me ponga el vello de punta. No es necesario conocer a la víctima para sentir la repulsa, pero por un momento piensa que es tu hermana, tu amiga, tu prima, tu mujer... hoy habrá otra chica de dieciséis años que no podrá mirar con complicidad a su amiga cuando haga alguna tontería. Habrá una hermana, un padre, una madre, una familia, que echará en falta a su niña, y solo le quedará el dolor, la frustración, y la ira. Pienso en cuando tenía esa edad y en lo que ha pasado desde entonces, esa cría, no tendrá la oportunidad de experimentar nada más, a esa edad aún apenas has vivido, y hay tres desalmados que se creyeron con derecho a acabar con todo eso. Con su vida. Así, sin más, porque podían, porque eran tres y se sentían valientes y despreciaron a una mujer, porque... ni tan siquiera sé qué pensaron para llegar a hacer tal aberración. Solo sé qué no pensaron. No pensaron que ella mereciera nada, que no era nadie, que podían hacer lo que les apeteciera.
Aún hoy existen "hombres" que se creen con derechos sobre las mujeres, solo por ser eso... mujeres. Caminar por la calle y tener que ir en tensión porque ha oscurecido, aligerar el paso cuando te cruzas con depende qué personas, esa inquietud que nos embarga a todas y que ellos nunca entenderán. No digo que todos los hombres sean así (ojo, ni mucho menos) pero sí que todas las mujeres saben de qué estoy escribiendo, todas pasamos por cosas así durante nuestra vida, y algunas, como ella, no lo cuentan.
Como dije al principio, sé que no servirá de nada y sé que yo no lo puedo cambiar escribiendo aquí, pero qué menos que mostrar mi asco ante lo ocurrido y mi miedo a que las nuevas generaciones sigan sufriendo lo que sufría la generación de mi abuela. Una sociedad llena de avances técnicos, globalizada, y tan carente de avances en la educación social, el respeto y la igualdad.
Ojalá que esa niña argentina, que ayer comía tomates cherry, de pie en su silla puesto que aún no llega a la mesa, mañana, cuando tenga dieciséis años, pueda vestir como quiera, no tenga que escuchar groserías cuando camina sola por la calle y sobre todo que "pueda cumplir diecisiete años".


Hasta la próxima desconexión

miércoles, 28 de septiembre de 2016

A DESTIEMPO


Recostada en mi dormitorio lo observo. Está sentado en la butaca a los pies de mi cama. Pelo blanco y escaso, gafas de pasta negras, camisa blanca de manga corta y pantalón de pinza beige, barriga levemente pronunciada y cinturón negro. No es que sea el mejor estilismo, tampoco nos importa. Lo miro entrecerrando los ojos y se percata de que le estoy dando vueltas a algo. Me devuelve una mirada en la que se puede leer un “¿Qué pasa?”
―Estaba pensando que los nietos conocen en mal momentos a sus abuelos ―entrelaza los dedos de las manos sobre su barriga a la espera de que continúe―. Sí. Los conocen demasiado pronto, cuando son niños y no sienten curiosidad por ellos. Es mucho después cuando empiezan a plantearse cosas como… no sé, qué hacían en su día a día, qué era lo que les hacía gracia, cómo era criar animales, la forma tan particular de contar los días y saber si llovería, las anécdotas con sus hermanos, qué hicieron en la guerra, cómo fue perder a alguien, o cómo terminaron casándose y con quién habían salido antes (que los abuelos también tienen sus ligues). Todas esas cosas que nuestros padres no nos cuentan y aquellas que tampoco saben o han olvidado. Tengo curiosidad. Podrías habérmelas contado. Podrías contármelas. Ahora, ¿puedes?

El cuenco tibetano resuena por todas partes, invade el cuarto, lo emborrona y la habitación se va haciendo cada vez más lejana. Aparecen destellos y luego… todo está oscuro. Una voz se engarza en mis oídos: “Moved suavemente los pies, a un lado, al otro, las manos, la cabeza…” Siento la humedad bajo el saquito de semillas que cubre mis ojos. “Girad el cuerpo hacia el lado derecho”.
Ahora sé dónde estoy, tumbada en el suelo. Me giro en posición fetal y esta vez, antes de lo usual, retiro de mis ojos el saquito de la meditación. Como si hubiera estado prisionera se escapa y cae a la tarima de madera una lágrima que arrastra su camino por encima de mi nariz. No sé qué ha pasado. Me incorporo siguiendo las órdenes de la profesora de yoga. Es el momento final de la clase y aún me duele el recuerdo que se desvanece hecho jirones. Tengo los ojos húmedos pero nadie se da cuenta, solo sigo las indicaciones de la profesora y no puedo dejar de pensar que es "otra oportunidad desperdiciada".

Hasta las próxima desconexión.