jueves, 17 de septiembre de 2015

CARTA A MI AMIGA (Grandes dilemas)


Málaga a 17 de septiembre de 2015

Amiga, esto va a ser bastante atípico, ya te voy avisando.

Primero, ¿cómo se saluda hoy día por carta? ¿Hi!? ¿Hola? ¿Buenas? Estoy segura que “Estimada” o “Querida” no pega nada, así que mejor pasemos un tupido velo sobre el incómodo tema del saludo, y que empiece esta conversación “in media res” como dirían los literatos.
Segundo, (muchas son las dificultades o dudas que tenemos hoy día para escribir una carta, como puedes ver) ¿qué tono debo usar? No es una carta a un desconocido, ya hace años que nos conocemos vía Internet e incluso nos hemos visto en tres o cuatro ocasiones, por lo que el dilema al que me enfrento es el siguiente: no puedo usar las típicas frases de presentación, “Mi nombre es…, soy de…, tengo X años…”porque ya nos conocemos, pero no tenemos un contacto tal que nos haga cercanos (literal y no literalmente hablando) así que, ¿qué me recomiendas?
Es difícil que me sugieras algo antes de contestar a esta carta, pero ya sería tarde, no creo que tu sugerencia sea la salida a mi problema. Supongo que me arriesgaré con un tuteo así, de andar por casa, no tanto como un whatsapp (prefiero no tener que poner abreviaturas y emoticones, porque dibujar caritas en el papel no es lo mío, eso lo dejamos para cuando conversemos por otras vías)
Como decía, usaré el tono de unas amigas que, por ejemplo, fueron compañeras de colegio, pero hace quince años que no se ven. ¿Te parece? Si no es así ya me lo harás saber en tu carta.
Ya tengo resuelto dos de los mayores escollos pero llega el contenido fundamental. No quiero que esta carta sea un ejercicio de “yoismo” aunque en realidad todas las cartas lo son (según mi opinión) Te cuento sobre mí cosas que tal vez no quieras saber, no te interesen o directamente te aburran, y tampoco quiero que se convierta en un interrogatorio, ¡ni que esto fuera una investigación de la policía! En fin, no me malinterpretes, quiero saber de ti, pero tampoco me creo con derecho a preguntarte nada, vaya a ser que no quieras contármelo y jamás te pondría en esa situación. ¡Qué prime la libertad, ante todo!
Me empiezo a agobiar, es que no sé… esto es más difícil de lo que pensaba, yo creo que esta locura que se te ha ocurrido de mandarnos cartas escritas a mano, así, sin más, sin pensártelo, no va a funcionar. Lo mejor va a ser que te siga mandando los mensajes al móvil porque lo de usar papel y bolígrafo es mucha presión para mí. A todo esto, ¿bolígrafo o pluma? ¡Ves! Yo, así no puedo.
Voy a mandarte este intento de misiva (mira, uso palabras de las que te gustan) solo para que veas que no he podido escribirte una carta. ¡Ah! Y de paso te mandaré un whatsapp para que sepas que ya va para allá. No sea que se pierda y creas que no te escribí.

Una última duda me asalta. ¿Cómo me despido por carta? ¿Adiós? ¿Un beso? ¿Nos vemos? (no creo que eso pase) ¿Ciao? ¿Bye? Bueno dame por despedida y se acabó.

¿Por qué a estas cosas no se les acaba la batería, o la tinta en este caso?

Te dejo sin posdata ni nada, que nunca supe para qué servían.

¡Hasta la próxima desconexión!

domingo, 13 de septiembre de 2015

PLAYA MISERICORDIA





Antes de salir el sol.

La playa de la Misericordia estaba desierta aún no había amanecido aunque pronto se llenaría de bañistas, pero él no estaba allí para darse un baño; bueno tal vez sí, posiblemente el último.
Ella se había ido. Era culpa suya. Lo sabía, podía sentirlo en los huesos. Esos huesos que casi no le sostenían.
Era su playa preferida, allí se conocieron. Ella no volvería a correr por la orilla, ni a ponerle crema en la espalda. No podía creer que nunca más verían salir el sol sobre esas olas. Había ido a despedirse porque ella no pudo.
Lanzó una última mirada a la ciudad que fue escenario de sus encuentros y allí estaba... como si le mirara desde arriba...

Unas horas antes.

El conductor del autobús paró para recoger a su único pasajero. Era el último viaje antes de que toda la responsabilidad recayera en el autobús nocturno. La noche empezaba a rociarse sobre Málaga.
Cuando el chico compró el billete vio que tenía las manos manchadas de pintura blanca. No había nadie más en el autobús, así que "por qué no averiguar un poco". Sentía curiosidad por la manos y la ropa manchadas de blanco y por aquella sonrisa. No hacía falta ser Sherlock para saber que su aspecto no era por haber estado trabajando. Tras una conversación plagada de tópicos, "qué buen tiempo hace..." el chico le confesó lleno de entusiasmo que acababa de cometer un acto vandálico, para terminar riendo con las orejas coloradas. Su novia lo acusó de ser poco romántico, no le era fácil expresar sus sentimientos según le contó era muy malo con las palabras, así que aquello fue lo que se le ocurrió...

Después de amanecer en la playa de la Misericordia.

Los bañistas acudían sin saber que serían espectadores de primera mano. Alguien había subido a la vieja chimenea de piedra, construida dentro de la playa y con pintura blanca escribió MÓNICA, en letras enormes. Se supuso que habían escalado, pero no tenían ni idea de quién era Mónica, ni por qué aparecía su nombre a veinte metros de altura donde todos pudieran leerlo.

A los pocos días.

¿Habéis oído lo de “Torre Mónica”? Dicen que alguien lo escribió para su novia que acababa de morir en un accidente de tráfico.
¡Qué dices! Me han dicho que es una declaración de amor.
Ninguna de las dos cosas. Dicen que no hay señales de que alguien haya escalado la chimenea. Fue un fantasma. ¡Ouuuuu!
¡Sí, claro!
Pues mi vecino, que es policía, me ha dicho que han intentado borrar la pintada y cada noche vuelve a aparecer, nadie sabe cómo, quién o por qué lo hace. Estoy seguro que es un fantasma.

El conductor del autobús sonrió.




¡Hasta la próxima desconexión!

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Dialogando.





Toma una decisión con el corazón. La cabeza encontrará la manera de conseguirlo.
¿Así de fácil?
No. Así de difícil.



Hasta la próxima desconexión.

jueves, 3 de septiembre de 2015

¿POZO SECO?



Cuando era más joven las ideas bullían en mi cabeza peleando por ser las elegidas, ahora es como si tuviera que perseguirlas, pistola en mano, para que tras en una cruel batalla, salgan a la blanquecina luz: asustadas y en retazos.

 Escribir unas pocas líneas cuesta más que subir las escaleras que te acercan al "Gran Buda" de Ping Ngong, termino agotada y temblorosa; como si intentara sacar un cubo lleno de agua de un pozo ya seco. Aun así, cuando menos lo espero una chispa prende (una frase, una canción, una noche en vela...) y allí está; tal vez no a borbotones pero sí como un reposado caudal que muestra que aún no se secó. Soy yo quien coloca un dique donde antes había una cascada. Continúo preguntándome el por qué, pero mientras encuentro la respuesta sigo intentado extraer agua del pozo, cansándome y reponiéndome ya que nadie puede negar la certeza de que se necesita "agua" para vivir.


¡Hasta la próxima desconexión!

jueves, 30 de abril de 2015

BATALLAS QUE DEBES PERDER


Aunque necesito que me reconforte, cuando me abraza, sin proponérmelo, coloco mis brazos flexionados contra su pecho, a la defensiva; pero su convicción es mayor que la mía y su férrea determinación vence mis barreras. Poco a poco dejo caer los brazos y rodeo la curva de su espalda.
Mi cuerpo se ablanda ante el calor que lo envuelve, como si lo recordara de un pasado lejano; el corazón se abre, lo deja entrar mientras se cierra el abrazo.

Me ha vencido, vuelvo a ser vulnerable. Nada me da más miedo.

¡Hasta la próxima desconexión!

miércoles, 8 de abril de 2015

AGITANDO RECUERDOS




El viento mueve sin tregua las hojas de las palmeras; tan distinto al baile de los olivos. ─Se agitan en mi cabeza lamentos de recuerdos─. Suave cadencia de aceitunas frente a la locura de las puntiagudas hojas de la costa. Hoy el viento arrastra el salitre y me recuerda lo lejos que quedan aquellos mares de árboles serenos.


¡Hasta la próxima desconexión!

jueves, 26 de marzo de 2015

ESCRITOR



El escritor es un ser solitario porque en soledad es como se conciben las historias. Camina al anochecer bajo la luz de las farolas intentado pisar su propia sombra, mientras el viento baila los bajos de su abrigo ya que, un escritor camina siempre contra el viento.



¡Hasta la próxima desconexión!

martes, 10 de marzo de 2015

DESAHOGO


Camino con el viento en contra, tan frío que hace que mis lágrimas se escapen. Aprovecho esa oportunidad de desahogar el alma sin tener que dar explicaciones; hay muy pocas veces que podamos llorar sin tener que ocultarnos del mundo.

¡Hasta la próxima desconexión!

domingo, 1 de marzo de 2015

PRESENTACIÓN DE TERRITORIO LÍQUIDO EN MÁLAGA



Territorio Líquido se presenta en "La Casa del Libro" en Málaga, el día 6 de marzo, a las 19.30 horas.
Cuatro relatos míos se incluyen en este libro, y será mi primera presentación, así que los nervios están servidos. Si queréis venir a verme pasar miedo, y pánico escénico y también a conocer gente fantástica que presentará ese día conmigo, no os perdáis esta cita.
Va a ser un bonito recuerdo, eso seguro.
Os espero allí!

http://www.atonitos.es/territorio-liquido-en-casa-del-libro/

¡Nos vemos en la próxima desconexión! (MUY PRONTO)

viernes, 20 de febrero de 2015

ORO


Abrió los ojos, ya había amanecido. Descorrió el dosel de la cama y su blanquísimo camisón rozó el suelo. El vestido rojo con adornos de plata estaba sobre la silla, como la última vez. Todo estaba preparado. Se recogió el pelo en un ajustado moño y colocó decenas de brazaletes de oro en sus brazos, hasta llegar al codo, también usó varios anillos e incluso un precioso nath.
                Estaba lista para salir, iba a ser un largo día. Se miró en el espejo y satisfecha con su imagen, caminó hacia el fondo de la habitación, abrió el armario y sacó una botellita de apenas diez centímetros, con unos polvos dorados dentro, la miró sonriente y salió del palacio.
                Bajó por la gran escalinata de mármol arrastrando la cola de su vestido. Desde allí podía ver todo el pueblo. Trabajadores en los campos, niños y niñas corriendo por las calles, hombres y mujeres comprando en el mercado...
                Al poner un pie tras el último peldaño de la blanca escalera, el pueblo se detuvo, todos inmóviles giraron sus rostros para mirarla. ¡Tan esperada! Los reflejos del sol sobre su ropa y adornos los deslumbraba, como cada vez. Ellos le rendían pleitesía a su paso; algunos, los más valientes, se atrevían a hablarle, a suplicar su ayuda. Ella miraba en su interior a través de sus ojos y en algunas ocasiones deslizaba por su muñeca uno de los brazaletes y se lo entregaba, pero en otras seguía su camino sin más. Cuando era un niño quien se acercaba a ella para pedir ayuda, nunca se negaba, pero no le entregaba ningún brazalete, anillo o adorno de oro, sino que abría la botellita y ponía algo de ese brillante polvo en un trozo de tela y se lo entregaba con una gran sonrisa. Los niños regresaban a casa muy emocionados, pero a veces sus padres los reñían por no conseguir algo de oro.
                Uno de esos niños al sentir que había decepcionado a sus padres que pasaban necesidades, regresó para hablar con la dama, y le pidió que cambiara el polvo por un brazalete, puesto que necesitaban el oro. Ella sonrió y dijo que el oro no era para los niños, que el polvo era mejor regalo. El niño preocupado por cómo sus padres podían tomarse aquel fracaso se lanzó contra la señora y tiró de los brazaletes intentando conseguir alguno. Tanto lo intentó y forcejeó que a la dama se le cayó la botellita dorada, y el polvo salió volando, arrastrado por el viento mientras ella lo miraba con tristeza...

**

Se giró bruscamente en la cama y vio que la botella había caído de la mesita de noche, esparciendo su aroma por toda la habitación; su marido renegaba en sueños a su lado y el bebé se despertó llorando por el ruido.

-¡Vaya! Tardaré mucho en poder comprar otra botella de polvo de hadas. Ojalá que cuando pueda regresar aún haya niños que quieran soñar.

Hasta la próxima desconexión.

domingo, 4 de enero de 2015

TERRITORIO LÍQUIDO


Hoy uno de mis sueños se hace realidad. Cuando comencé a escribir en este blog nunca creí que llegaría a tener una publicación como "Territorio Líquido", un libro que comparto con otros 18 autores y que contiene más de 60 relatos diferentes que no dejarán impasible a nadie.
Es un libro que ha conseguido ver la luz después de mucho trabajo, y sobre unos cimientos de ilusión, compromiso y cariño.
Es el primero pero ojalá no sea el último porque la experiencia es digna de ser repetida.
Agradezco a la editorial que nos dio la oportunidad y a todos los que trabajaron y aparecen en el libro, así como a aquellos que me impulsaron a seguir con esta pasión (ellos saben quienes son) y entre ellos algunos de los que ahora están leyendo esta entrada.

¡GRACIAS!

El año 2015 no empieza nada mal.

¡Nos vemos en la próxima desconexión!

lunes, 3 de noviembre de 2014

EL NACIMIENTO DE UNA MACHI



─Luis, lleva meses así, no podemos esperar más.
─¡¿No hablarás en serio?!
─Sigue perdiendo peso, tiene fiebre cada día y ¡casi no es capaz de salir de la cama!
─Pero son supersticiones, te fuiste para escapar de todo eso, no puedo creer que ahora quieras llevarla allí.
─Los médicos no saben qué es. Tú no conoces el poder de las creencias de mi pueblo.
─Ella no lo entenderá, Millaray, yo no lo entiendo.
****
─Ayelen, es hora de embarcar.
─Mamá, ¿cuánto tardaremos en llegar a Temuco?
─Unas ocho horas, puedes descansar en el avión, ¿estás bien?
─Me siento mejor, ¿pero cuándo vas a decirme para qué vamos allí?
─Cuando lleguemos lo sabrás.
****
Ayelen estaba decidida, sólo lleva allí tres días pero parecía que hubieran sido años.

El primer día, cuando llegaron a Temuco, nadie las recogió en el aeropuerto y tampoco fueron a un hotel; su madre le dijo que iban directamente a la comunidad. Agotada como estaba por el viaje y con fiebre, no puso demasiada atención a sus palabras.
La comunidad resultó ser un gran poblado mapuche; era extraño y familiar al mismo tiempo; las ropas, los adornos, las tiras de colores, las danzas, inclusos esas plantas con forma de lanza y grandes flores circulares, las Mutisia. Todo parecía sacado de un antiguo sueño que no lograba recordar. Pero lo que le fascinó fue la Machi. Aquella mujer arrugada y morena que irradiaba energía, aquella mapuche que danzaba en círculo con sus ropas al viento, mientas hablaba una lengua que jamás había escuchado, a la que llamaban “mapudungun”. Tan absorta estaba en aquellos movimientos que olvidó su fiebre y sin darse cuenta sacó su móvil para grabar aquel ritual. Cuando iba a hacerlo, dos hombres, uno mayor y otro joven, altos y fuertes se colocaron delante, tapando su campo de visión. El joven mapuche, llamado Leftraru, le agarró la muñeca y sintió la energía pasar a través de su mano. El otro hombre, que resultó ser el Lonko de la comunidad, le dijo, con un acento que le recordaba a su madre:
─No lo hagas. Dañarás a la Machi. Está prohibido ─ella asintió y Leftraru la soltó; la energía desapareció.
La Machi terminó la ceremonia, abandonó el rahue y se dirigió hacía ella, directamente, sin apartar la mirada. Ayelen dio un paso atrás pero su madre se había colocado detrás y la retuvo.
─No la temas ─le dijo al oído.
La Machi se acercó y saludó en mapudungun, su madre le contestó en la misma lengua.
─Ayelen, ella es Quinturay, la Machi de la comunidad. Una Machi es una consejera espiritual –le aclaró.
─Entre otras cosas –señaló ésta.─ ¿Por qué has vuelto, Millaray? Te fuiste diciendo que jamás regresarías.
─Sabes el porqué, lo has visto. El espíritu,… lo ha recibido.
─Es cierto, puedo verlo.
─Haz que se vaya─ le suplicó Millaray.
─Sabes que es imposible. Él nos elige, y debe ocupar su lugar.
─Ella no sabe nada de todo esto. No conoce la lengua de los espíritus, ni los ritos, ni… ¡nada!─ terminó desesperada.─ Es mi niña, no puedo perderla.
─Y aun así la has traído. Sabes que no hay vuelta atrás. Es su lugar ─miró a la chica─ y le dijo: Ayelen, ven conmigo.─ Ésta miró a su madre, titubeó, pero al final caminó junto a la anciana. Estar con ella hacía que su dolor menguara, su interior alborotado desde hace tanto tiempo parecía en paz ahora.
─Leftraru –llamó la anciana ─trae a Rahiue, deben conocerse ─el joven mapuche asintió y desapareció, no sin antes mirar durante un segundo más de lo necesario a la chica nueva.
─¿Quién es Rahiue? ─preguntó Ayelen.
─Otra futura Machi.
─¿Otra?
─Ayelen, recibiste el espíritu, debes aprender sobre tu pueblo para ocupar mi lugar cuando llegue el momento.
─¡¿Qué?!
─Sé que es difícil, sé que asusta y sé que te falta mucho, o mejor dicho, todo, por saber, pero tu corazón es puro y el espíritu no se equivoca. Deberás renunciar a muchas cosas.─Hizo una pausa.– No regresarás a casa.
─¡¿No lo dirás en serio?! Tengo exámenes, mis amigos están allí.
─Tu pueblo está aquí, debes cuidar de él.
─Éste no es mi pueblo.
─Está bien. Dame tres días, si después de tres días quieres irte, te dejaré hacerlo.
─¿Tres días? –la anciana asintió –Está bien.
Rahiue, aprendiz de la Machi, entró a la ruca donde esperaban Quinturay  y Ayelen, parecían tener más o menos la misma edad, ojos negros como el café a juego con su larga melena, recogida en una cola baja. Llevaba un traje parecido al de la hechicera: el chamal negro que dejaba descubierto el hombro izquierdo, el trarihue rojo atado a su cintura, el iculla negro sujeto a los hombros y el munulongo en la cabeza, del mismo rojo que la faja. Cuando las presentaron Rahiue sintió curiosidad por la chica de pelo castaño y ojos claros; ella destacaba, pero aun así no la sentía como una extraña, Ayelen incluso creyó percibir un cierto reconocimiento en su mirada.
Ese había sido su primer día, el siguiente fue aún más desconcertante. Acompañó a Quinturay y Rahiue, en sus estudios del mapudungun, de las plantas, de los ritos de sanación…
─Hoy es la ceremonia del nguillatún, pedimos al Pillán que nos traiga lluvias y buenas cosechas, entre otras cosas –le aclaró Rahiue. –Hoy Leftraru danzará para los dioses.
El joven mapuche danzaba simulando ser un ave, mientras el resto de los hombres lo acompañaban con instrumentos afilados y de madera. Todo era mágico y extraño, pero lo raro es que no se sentía fuera de lugar.
─Ayelen, alguien de la comunidad está enfermo, Quinturay va a sanarlo y quiere que estemos allí─ le indicó Raihue.
En la ruca, la machi danzaba alrededor del enfermo, había hojas de canelo encendidas mientras realizaba los cánticos; después sacó un cuchillo y fingió clavárselo al enfermo y “hurgar”  en su interior. Ayelen distinguía más allá de las alucinaciones que provocaba el humo proveniente de las hojas, y vio salir el mal del cuerpo del enfermo que se enfrentó cara a cara a Quinturay pero ella no retrocedió, mantuvo sus cánticos y su espíritu brillaba en la habitación, fue ahí cuando ese mal miró a Ayelen; la reconoció, sonrió y avanzó hacia ella, pero la Machi lo retuvo y lo obligó a retroceder hasta que el brillo de su espíritu lo desintegró invadido por la luz.
Ayelen no podía moverse, nadie había visto lo que ella; nadie salvo Quinturay.
Cuando la noche cayó sobre la comunidad, la Machi fue a verla.
─¿Qué has decidido?
─“Él” me ha mirado.
─Sí.
─Sabe quién soy.
─Sabe qué eres –indicó la anciana.
─¿Vendrá a buscarme?
─Sí.
─¿Qué puedo hacer?
─Fortalecer tu espíritu en lugar de combatirlo.
─¿Podré sanar como has hecho tú hoy?
─Con el tiempo y la preparación, sí.
─Necesitaré mucha ayuda, mi madre ¿estará conmigo?
─Sólo yo estaré contigo.
─¿Qué es lo primero que debo aprender?

─Tal vez…, que Ayelen en mapudungun significa “la que da alegría”.

Con todo el cariño y respeto a la comunidad MAPUCHE de  Temuco, y en especial a Millaray que tuvo la paciencia de contarme cosas de esta poderosa y antigua cultura.

¡Hasta la próxima desconexión!

martes, 21 de octubre de 2014

EL LIBRO DE LAS MENTIRAS



-Mariano, ¿has hecho los deberes? -el pequeño miró hacia la puerta mientras acercaba la libreta y escondía el tebeo.
-¡Estoy en ello, mamá! En cinco minutos los acabo.
-Muy bien, date prisa porque vamos a cenar.
Esa fue su primera mentira. Lo recordaba  ya que fue la más difícil; se le aceleró el corazón en un segundo, nunca antes, en sus diez años de vida, le había mentido a nadie. Podía haberle dicho a su madre que no los había hecho porque su amigo consiguió el tebeo que tanto quería y se le había pasado el tiempo sin darse cuenta; pero prefirió evitar la regañina y disimular su despiste. Así que mintió. Al día siguiente su profesor le obligó a copiar cien veces que debía hacer los deberes.
Si escribía sus malas acciones, sus mentiras quedarían perdonadas, así había sucedido con los deberes. Fue esa idea lo que dio lugar a lo que llamaría "El libro de las mentiras".

Mentira nº 1: Ayer mentí a mamá y le dije que había hecho los deberes.

Cerró el libro y se sintió mucho más aliviado.
Con el paso de los años no había perdido la costumbre de anotar sus faltas, pero, ya no lo hacía por la misma creencia, sino que se había convertido en un hábito, como un diario de maldades.

Mentira 3.010: Hoy le dije a Teresa que no había estado con Blanca después de que ella se fuera, y la llamé celosa y desconfiada. Menos mal que Blanca me avisó antes.

Tras llegar a la universidad no podía contar, no el número de mentiras, sino los tomos que tenía aquella extraña obra literaria. Decidió cambiar el sistema de anotaciones y solo fecharlas, ver el número le hacía sentir incómodo. La mentira se había convertido en su principal herramienta; ya no era algo sobre lo que pedir perdón, sino un mecanismo que perfeccionar y aprovechar para solucionar todo tipo de problemas, desde una falta de asistencia, a una infidelidad, pasando por algún hurto de poca monta.

Mentira de 26 de septiembre de 1979: Hoy copié en mi examen de las oposiciones a registrador. Pero creyeron que fue el chico que se sentaba a mi lado, lo han expulsado. Una lástima, después no he podido seguir copiando, espero aprobar.

Mentira de 15 de enero de 2005: Mentí a mi hijo. Le dije que su madre y yo lo habíamos buscado y estábamos muy contentos cuando nos enteramos de que venía. No pude decirle que nos pilló de sorpresa, ni hablarle de la boda forzada, ni de que sin él no hubiera habido boda.

Mentira de 21 de diciembre de 2011: Hoy juré la Constitución y prometí servir a mi pueblo. No pretendía que fuera una mentira, pero sé que debo anotarlo aquí y al menos ser sincero conmigo mismo. Sé que en cuanto entre a mi despacho mañana, lo será y seguirá siéndolo cada día. No habrá papel para tanta falacia.

Mentira de 2 de abril de 2013: No me atreví a dar la cara. Hice una comparecencia por videoconferencia. Las mentiras empiezan a acabar con todo lo que construí, nadie se fía de mí. Nadie me cree, ni siquiera yo.
Mentira de 31 de agosto de 2014: Volví a mentir a todos los españoles. Debo hacerlo, es lo que el partido me dice. Además no quiero quedar como un inútil. "Hay brotes verdes" Jamás una de mis mentiras fue tan estúpida. Y por si fuera poco ahora me han convertido en un mal mentiroso. Se supone que mentía para que no me atraparan, no para quedar como un inepto. Esto se va a acabar.

Mentira 12 de octubre de 2014: Hoy dije que mis colegas europeos me apoyan, que lo estamos haciendo bien. He acabado increpado y recibiendo los lanzamientos de guantes de plástico de los sanitarios en el hospital.

-Mariano, ¿estás bien?
-Sí, no te preocupes. ¿Cómo están los chicos?
-Tristes y preocupados. Sus compañeros los tratan... ¿No podrías salir  y decir que os equivocasteis? Calmar los ánimos, ¿cesar a alguien?
-Eso supondría decir la verdad.
-¿Y?
-Hace mucho que no lo hago, desde que era niño, y no hice los deberes...
-¿De qué hablas? No entiendo nada de lo que dices.

-Digo,... que ya no sé cómo hacerlo.

¡Hasta la próxima desconexión!

lunes, 6 de octubre de 2014

EN BLANCO Y NEGRO



Estaba sucediendo de nuevo. No lograba acostumbrarse a ese espeluznante dolor. El ojo izquierdo volvía a picarle, pero sabía que rascarlo no marcaría ninguna diferencia. La hinchazón vendría más tarde y por último la visión borrosa, ya lo sentía latir.
Le ocurría desde que era niño, siempre igual. Al principio pensó que se estaba volviendo loco, luego tuvo la certeza de que se volvería loco. Al final deseó estarlo.
La primera “visión”, como las llamaba, fue a los diez años y le dejó muy claro a qué se debía aquel dolor. Estaba en la terraza de un bar comiendo con sus padres cuando el picor comenzó. Los síntomas siempre fueron los mismos, en todos estos años no habían variado, era lo único que le daba algo de estabilidad a todo aquello. A la escena que se desarrolló frente a él le habían robado los colores, como a esas películas que tanto le gustaban a su abuelo. Por lo demás todo parecía normal, cotidiano.
Vio cómo aquel niño pateó al perro callejero hacia la calzada y tras un breve quejido el coche pasó por encima de su enclenque cuerpo. Ya no volvió a gemir, sus ojos quedaron mirando al infinito para no volver. Enmudeció ante tal crueldad. Sin saber por qué el dolor del ojo remitió y el color retornó. Parpadeó y el perro no estaba allí. Seguía en la acera, moviendo la cola ante aquel niño; feliz de recibir su atención. Pocos minutos después, cuando ya no quedaba rastro de esa extraña visión, la escena, ahora a todo color, sucedió ante sus prevenidos ojos, paso a paso, tal como ya lo había visto.
Tras el atropello, los ojos del perro no miraban al infinito sino a él, con una mirada acusadora y triste, que le reclamaba que no hubiera evitado aquel destino. Esos ojos le persiguieron en sueños durante mucho tiempo, pero ahora estaban enterrados bajo cientos de recuerdos parecidos, escenas macabras que empequeñecían aquel antiguo suceso. Algunos ocurrían nada más despertar, otros sucedían horas más tarde, pero todas las visiones se cumplían a menos que él tomara parte.
Odiaba aquella maldición, le había costado palizas en el colegio, tratamiento psiquiátrico con esas pastillas que le quemaban la sangre, y alguna que otra relación.
Cada vez que había intentado evitar alguna de esas escenas acababa en el hospital, una fuerza extraña se cobraba sobre su cuerpo la maldad que había evitado; a veces en forma de accidentes, robos con violencia, asaltos… pero nunca nada tan grave como para matarlo. Parecía que esa “maldad” disfrutaba de su particular espectador y no quería perderlo.
Tanto pasó que decidió ignorar las visiones, y a duras penas había sobrevivido. Escuchaba música cuya letra no entendía, la televisión solo sintonizaba los canales infantiles y no leía otra cosa que no fuera literatura juvenil; desconectar de la realidad era lo único que lo aliviaba.
Pero aquella vez fue diferente. Ya entrada la noche, mientras hablaba con el último cliente del día, en la tienda de herramientas en la que trabajaba desde hace un año, el dolor renació. Todas sus alarmas internas se encendieron, intentó preparar la mente para lo que se avecinaba, nunca era agradable, pero aquella vez fue la peor.
En blanco y negro, cuando sus ojos se fijaron en el hombre que había en la acera de enfrente, su estómago se contrajo:
La agarró por el pelo antes de que pudiera abrir la puerta del coche y le tapó la boca con un trapo mientras le susurraba que no se resistiera. Ella se derrumbó en sus brazos. Él abrió la puerta del coche y la recostó en el asiento de atrás, luego condujo hasta un lugar apartado, parecía un almacén- todo transcurría como en una película, como siempre, y esa vez, conociendo los horrores que podía cometer el ser humano, no quería verlo-. Aquel hombre la sacó del coche, entró en el almacén y la tumbó en una colchoneta sucia y desgastada- quería cerrar los ojos, pero aquello no impediría que las tortuosas imágenes se formaran en su cabeza-. Tras dejarla desnuda vació en su cuerpo inmóvil toda su ansia y asco- poco le importaba que ella no se moviera- sus acometidas se hacían más fuertes mientras llegaba al orgasmo. Se derrumbó sobre ella y le lamió la cara hasta que no quedó un solo resquicio de piel. Se levantó y se subió los pantalones- supo que aquello no había acabado- Se acercó a una mesa del almacén y allí estaba la sierra último modelo- él vendía esa marca, podía haber sido él quien se la hubiera vendido, jamás recordaba la cara de un cliente. Apoyó la sierra contra una de las piernas de la chica y la encendió- incluso en blanco y negro- la sangre salpicaba todo salvajemente, la colchoneta, la ropa y el cuerpo de aquella bestia- y su mente atrapada en aquel lugar-. Ella se despertó gritando como jamás había oído gritar a un ser humano, pero sólo duró unos segundos, porque tras aquel grito su cuerpo decidió que no podía soportarlo más y volvió a rendirse. Él parecía decepcionado por su desmayo, por lo que sujetó sus ojos con cinta adhesiva, para que pudiera verle, y troceó su cuerpo, con ese rictus dolido, como un trámite molesto que quería acabar pronto. Tras meter las partes en distintas bolsas de plástico los colores fueron retornando poco a poco- pero la forzada mirada de ella seguía fija en su cabeza.

Al volver a la realidad solo habían pasado unos segundos, pero para él fueron horas de tormento. Aún podía ver a aquel hombre en la acera, esperando. Cuando aquella aberración humana se movió, su cuerpo, por reflejo, también lo hizo; se levantó y dejó allí al cliente. Pero no fue hacia la puerta, ni se planteó enfrentarle, sino que cruzó la tienda en dirección al baño. Allí se encerró. Miró su rostro reflejado en el espejo y sacando el bolígrafo de empresa del bolsillo de la camisa, se lo clavó en el ojo izquierdo hasta que perdió el conocimiento, rezando para que aquello lo matara o al menos acabara con su mal.
**
En la ambulancia, cuando abrió su único ojo, el rostro de la enfermera que le preguntó cómo se encontraba era el de la mujer que debía ser descuartizada. Aquella vez el precio a pagar por su intervención había sido realmente alto.

Cuando iba a contestar notó el consabido picor allí donde ahora, sólo había un hueco.

¡Hasta la próxima desconexión!