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domingo, 24 de febrero de 2019

OJALÁ PUDIERA ESCRIBIR COMO DON ANTONIO MARTÍNEZ ARES


Me encantaría escribir como Antonio Martínez Ares, aunque su sentir y su estilo sean irrepetibles. Esa capacidad de hacer bonito el propio llanto, la forma en que te estruja el corazón y cuando crees que tu emoción está en lo más alto, la letra da un giro y  se te pellizca el alma y te brinca la sangre, inundando el recuerdo y la razón con una sensibilidad que remueve conciencias.
Mataría por escribir como Antonio Martínez Ares, con palabras sencillas sobre enormes momentos, con cuartetas que guardan bajos sus aguas mayores secretos, con letras que vislumbran fantasma que pretendemos enterrar sin tumba.
Desearía escribir como Antonio Martínez Ares, con aires del sur y vientos de lejanías, con olor a orgullo de tierra, con sentimientos acompañados a guitarra y cantados en "pequeñito" que te esponjan el interior y te hacen batir los párpados, que remueven sentimientos y forman los acordes de verdades claras.
Aun sabiendo que es imposible, aquí dejo mi admiración y mi anhelo para que todo el mundo sepa que, ojalá pudiera escribir como Don Antonio Martínez Ares.

Quería hacer un pequeño homenaje (si se puede llamar así) a Don Antonio Martínez Ares, este gran compositor, muy conocido por sus comparsas, y que el año pasado nos regaló una llamada "El Perro Andaluz",  (que tuve la suerte de ver en directo en Málaga) y que como andaluza no podré olvidar, ni sentir mayor admiración (léase también envidia).

Os dejo su actuación en la final del concurso del Teatro Falla de Cádiz del año pasado, porque solo con la presentación os quedaréis alucinados.
Este año compite con los "Carnivales" y sus pasodobles de cuartos de final no podrían ser más bonitos.


Hasta la próxima desconexión.

martes, 16 de enero de 2018

RESEÑA MOLLY´S GAME

Bueno, pues empieza otro año y lo hace de cine.
Os dejo, en mi otra casa, la reseña de la primera película como director del señor Aaron Sorkin, "Molly´s Game".
Recomendada 100%.
Espero que os guste, interese o lo que sea.


domingo, 7 de febrero de 2016

EN LAS TABLAS



Subo, las tablas del teatro crujen bajo mis pies. Oigo los murmullos tras el telón. Las luces apagadas, la respiración contenida, el sudor empieza a escaparse corriendo por mis sienes. Ajusto el chaleco y carraspeo. El telón hace el típico “ras, ras”, ese sonido que me acompaña desde que era adolescente, preludio del alzamiento. Mis compañeros preparados, tensos como yo. Esperamos todo el año para este momento, no solo hemos practicado sobre un escenario, sino con nuestro vivir.

Algunos nos llaman payasos y otros juerguistas, se piensan que bajo este disfraz me escondo para clamar lo que no dije cada día de este largo y horrible año. No se confundan, señores, no llevamos disfraces sino pinturas de guerra, los colores de la libertad: la libertad de expresión y la libertad del pueblo, que cada año ruge en los teatros, y grita, a garganta abierta, las verdades, los sufrimientos y las penas de la gente que no sale en las noticias. No, señores, no se confundan, yo no vengo a divertirme ni a emborracharme entre bambalinas, soy el heredero de esta tradición que incluso costó vidas y encarcelamientos en otras épocas que ya no parecen tan lejanas. Vengo cargando sobre mis hombros el quejío de mi pueblo, y lo hago cantando, acompañado de guitarras y bandurrias, de voces templadas y llenas de rabia, de golpes de pecho y de alguna que otra lágrima. Vengo cargado de impotencia y de orgullo. Y ya pueden… ya pueden criticarnos por soberbios, por fantoches y por vagos, pero sigo aquí, de pie tras el telón, esperando sin esperanza que se avergüence el protagonista del pasodoble de mi comparsa. Y seguiré cantando.

Hasta la próxima desconexión.

martes, 27 de octubre de 2015

EL CAMINO DEL PEREGRINO



Tras subir un kilómetro de escaleras de madera, bordeadas por profunda vegetación sin arreglar, ante los excursionistas hizo su aparición, al fin, la Ci En Pagoda. A esas horas el sol ya arrasaba las cabezas locas que visitaban aquel templo sin considerar su salud. La preciosa torre se imponía frente al empequeñecido tambor, desafiándole con sus seis plantas de altura.
Los excursionistas tras mirar fijamente la pagoda aceptaron el reto que les lanzaba, y con un "go, go, go" avanzaron por las escaleras de caracol que les llevaría más cerca de lo divino, donde con tres retumbantes golpes alejarán sus pecados. Cada planta una parada, cada parada un recuerdo. El sudor va purificando sus cuerpos en el camino del peregrino, como juegan a llamarlo.
Recibiendo las bendiciones, solicitando el perdón y dando las gracias iniciaron el descenso.
Cuando pisaron la grava de la explanada, el sonido que produce, y que al menos para uno de los exploradores siempre resultaba mágico, los volvió a conectar a lo terrenal; pudieron sentir el calor del mundo subir por las piernas. Era la hora de partir, no se veía a nadie en aquel lugar que antes era sagrado y que ahora se llenaba de turistas con cámaras y móviles, inmortalizadores de recuerdos digitales.

Algo no estaba bien, una extraña sensación trepaba por sus piernas que nada tenía que ver con el calor ni con aquellos insectos albinos que los rodeaban.
─Bajemos, es tarde y el calor aprieta.
Bajar la escalera no suponía el mismo desafío así que aceleraron el paso, la incomodidad seguía allí. Tras el último peldaño tampoco había nadie, ni turista, ni lugareño, la soledad sería absoluta si no fuera porque ellos eran dos.
El miedo los sobrecogió cuando, entornando los ojos frente al cartel, descubrieron que no habría un autobús hasta, por lo menos, dos horas y media después. Instintivamente echaron mano a las botellas de agua para saber cuánto les quedaba; la comprobación no fue muy halagüeña. Se miraron sintiendo como sus gargantas se secaban.
─Qué no cunda el pánico, alguien debe pasar por aquí. Además nos dijeron que cerca había una ruta de senderismo para volver a la ciudad.
─Lástima no haber cogido un mapa de las rutas, la vegetación es tan espesa que podemos perdernos con facilidad. Mejor esperamos un poco a ver si pasa alguien.
Tras cuarenta minutos a pleno sol y sentados en el abrasador asfalto la situación no podía mantenerse. Armándose de optimismo y valor fingidos decidieron seguir el camino que parecía surgir del bosque que había enfrente, no había mucho más donde elegir.
Tras andar escasos cinco minutos, detrás de un recodo, vieron aparecer el templo Xuan Zang como si de un espejismo se tratara, tan solo a cuarenta pasos de su desamparado lugar se hallaba aquel hermoso y blanquísimo templo, con fuentes, plantas y árboles enormes. Arrastrados por la energía de los rezos que se escapaban de entre las varillas de incienso cruzaron el umbral. El arco rojo les daba la bienvenida y los acogía a pesar de sus distintos credos, a pesar de que ellos agradecieron a otro Dios su buena suerte, pero entre los dioses parece que existen menos desavenencias que entre sus seguidores.
Una vez dentro un monje, calvo, sonriente y todo vestido de gris les entregó, con ambas manos, un escrito envuelto en una tela amarilla, y mediante el universal lenguaje de signos les indicó que lo leyeran. Intentaron hacerle entender que no sabían chino, pero insistió, quitándole importancia a ese detalle con su mano. Al desenrollarlo los caracteres chinos se desvanecieron, transformándose en su idioma materno, por lo que pudieron leer el mensaje con facilidad:

Todo el que consigue cruzar su propio desierto vislumbrará el camino a una morada segura, y no será importante qué mano sostenga el incienso que lo guió, ni bajo qué Nombre lo hizo.
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PD Siento haber tardado, he estado liada jajaja. 
¡Hasta la próxima desconexión!

miércoles, 23 de septiembre de 2015

SE NOS FUE LA MAMÁ CARMEN BALCELLS

"Todos nacemos felices. Por el camino se nos ensucia la vida, pero podemos limpiarla. La felicidad no es exuberante, ni bulliciosa, como el placer o la alegría. Es silenciosa, tranquila, suave, es un estado interno de satisfacción que empieza por amarse a sí mismo. Tú deberías quererte como te quiero yo, como te quieren todos los que te conocen..." (El Amante Japonés- Isabel Allende)





Isabel es una de mis escritoras de cabecera, por muchos motivos, pero por uno en particular; ella me enseñó a disfrutar de la literatura y también que era posible contar crudas verdades intercalando un poco de magia. Hace un par de días murió Carmen Balcells, editora no sólo de esta escritora sino de otros grandes autores (Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Pablo Neruda, Miguel Delibes, Álvaro Mutis, Camilo José Cela, Vicente Aleixandre,Gonzalo Torrente Ballester, Manuel Vázquez Montalbán, José Luis Sampedro, Terenci Moix, Juan Carlos Onetti, Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, Josep Maria Castellet, Juan Goytisolo, Alfredo Bryce Echenique, Juan Marsé, Eduardo Mendoza, Isabel Allende, Rosa Montero y Gustavo Martín Garzo...). Así que puede decirse que gracias a ella, yo amé la literatura (y para bien o para mal este blog es resultado de ese "amor").

Gracias por regalarme tardes llenas de palabras junto a una ventana y numerosas vidas que habías seleccionado con cariño para mí.


Hasta la próxima desconexión.

lunes, 3 de noviembre de 2014

EL NACIMIENTO DE UNA MACHI



─Luis, lleva meses así, no podemos esperar más.
─¡¿No hablarás en serio?!
─Sigue perdiendo peso, tiene fiebre cada día y ¡casi no es capaz de salir de la cama!
─Pero son supersticiones, te fuiste para escapar de todo eso, no puedo creer que ahora quieras llevarla allí.
─Los médicos no saben qué es. Tú no conoces el poder de las creencias de mi pueblo.
─Ella no lo entenderá, Millaray, yo no lo entiendo.
****
─Ayelen, es hora de embarcar.
─Mamá, ¿cuánto tardaremos en llegar a Temuco?
─Unas ocho horas, puedes descansar en el avión, ¿estás bien?
─Me siento mejor, ¿pero cuándo vas a decirme para qué vamos allí?
─Cuando lleguemos lo sabrás.
****
Ayelen estaba decidida, sólo lleva allí tres días pero parecía que hubieran sido años.

El primer día, cuando llegaron a Temuco, nadie las recogió en el aeropuerto y tampoco fueron a un hotel; su madre le dijo que iban directamente a la comunidad. Agotada como estaba por el viaje y con fiebre, no puso demasiada atención a sus palabras.
La comunidad resultó ser un gran poblado mapuche; era extraño y familiar al mismo tiempo; las ropas, los adornos, las tiras de colores, las danzas, inclusos esas plantas con forma de lanza y grandes flores circulares, las Mutisia. Todo parecía sacado de un antiguo sueño que no lograba recordar. Pero lo que le fascinó fue la Machi. Aquella mujer arrugada y morena que irradiaba energía, aquella mapuche que danzaba en círculo con sus ropas al viento, mientas hablaba una lengua que jamás había escuchado, a la que llamaban “mapudungun”. Tan absorta estaba en aquellos movimientos que olvidó su fiebre y sin darse cuenta sacó su móvil para grabar aquel ritual. Cuando iba a hacerlo, dos hombres, uno mayor y otro joven, altos y fuertes se colocaron delante, tapando su campo de visión. El joven mapuche, llamado Leftraru, le agarró la muñeca y sintió la energía pasar a través de su mano. El otro hombre, que resultó ser el Lonko de la comunidad, le dijo, con un acento que le recordaba a su madre:
─No lo hagas. Dañarás a la Machi. Está prohibido ─ella asintió y Leftraru la soltó; la energía desapareció.
La Machi terminó la ceremonia, abandonó el rahue y se dirigió hacía ella, directamente, sin apartar la mirada. Ayelen dio un paso atrás pero su madre se había colocado detrás y la retuvo.
─No la temas ─le dijo al oído.
La Machi se acercó y saludó en mapudungun, su madre le contestó en la misma lengua.
─Ayelen, ella es Quinturay, la Machi de la comunidad. Una Machi es una consejera espiritual –le aclaró.
─Entre otras cosas –señaló ésta.─ ¿Por qué has vuelto, Millaray? Te fuiste diciendo que jamás regresarías.
─Sabes el porqué, lo has visto. El espíritu,… lo ha recibido.
─Es cierto, puedo verlo.
─Haz que se vaya─ le suplicó Millaray.
─Sabes que es imposible. Él nos elige, y debe ocupar su lugar.
─Ella no sabe nada de todo esto. No conoce la lengua de los espíritus, ni los ritos, ni… ¡nada!─ terminó desesperada.─ Es mi niña, no puedo perderla.
─Y aun así la has traído. Sabes que no hay vuelta atrás. Es su lugar ─miró a la chica─ y le dijo: Ayelen, ven conmigo.─ Ésta miró a su madre, titubeó, pero al final caminó junto a la anciana. Estar con ella hacía que su dolor menguara, su interior alborotado desde hace tanto tiempo parecía en paz ahora.
─Leftraru –llamó la anciana ─trae a Rahiue, deben conocerse ─el joven mapuche asintió y desapareció, no sin antes mirar durante un segundo más de lo necesario a la chica nueva.
─¿Quién es Rahiue? ─preguntó Ayelen.
─Otra futura Machi.
─¿Otra?
─Ayelen, recibiste el espíritu, debes aprender sobre tu pueblo para ocupar mi lugar cuando llegue el momento.
─¡¿Qué?!
─Sé que es difícil, sé que asusta y sé que te falta mucho, o mejor dicho, todo, por saber, pero tu corazón es puro y el espíritu no se equivoca. Deberás renunciar a muchas cosas.─Hizo una pausa.– No regresarás a casa.
─¡¿No lo dirás en serio?! Tengo exámenes, mis amigos están allí.
─Tu pueblo está aquí, debes cuidar de él.
─Éste no es mi pueblo.
─Está bien. Dame tres días, si después de tres días quieres irte, te dejaré hacerlo.
─¿Tres días? –la anciana asintió –Está bien.
Rahiue, aprendiz de la Machi, entró a la ruca donde esperaban Quinturay  y Ayelen, parecían tener más o menos la misma edad, ojos negros como el café a juego con su larga melena, recogida en una cola baja. Llevaba un traje parecido al de la hechicera: el chamal negro que dejaba descubierto el hombro izquierdo, el trarihue rojo atado a su cintura, el iculla negro sujeto a los hombros y el munulongo en la cabeza, del mismo rojo que la faja. Cuando las presentaron Rahiue sintió curiosidad por la chica de pelo castaño y ojos claros; ella destacaba, pero aun así no la sentía como una extraña, Ayelen incluso creyó percibir un cierto reconocimiento en su mirada.
Ese había sido su primer día, el siguiente fue aún más desconcertante. Acompañó a Quinturay y Rahiue, en sus estudios del mapudungun, de las plantas, de los ritos de sanación…
─Hoy es la ceremonia del nguillatún, pedimos al Pillán que nos traiga lluvias y buenas cosechas, entre otras cosas –le aclaró Rahiue. –Hoy Leftraru danzará para los dioses.
El joven mapuche danzaba simulando ser un ave, mientras el resto de los hombres lo acompañaban con instrumentos afilados y de madera. Todo era mágico y extraño, pero lo raro es que no se sentía fuera de lugar.
─Ayelen, alguien de la comunidad está enfermo, Quinturay va a sanarlo y quiere que estemos allí─ le indicó Raihue.
En la ruca, la machi danzaba alrededor del enfermo, había hojas de canelo encendidas mientras realizaba los cánticos; después sacó un cuchillo y fingió clavárselo al enfermo y “hurgar”  en su interior. Ayelen distinguía más allá de las alucinaciones que provocaba el humo proveniente de las hojas, y vio salir el mal del cuerpo del enfermo que se enfrentó cara a cara a Quinturay pero ella no retrocedió, mantuvo sus cánticos y su espíritu brillaba en la habitación, fue ahí cuando ese mal miró a Ayelen; la reconoció, sonrió y avanzó hacia ella, pero la Machi lo retuvo y lo obligó a retroceder hasta que el brillo de su espíritu lo desintegró invadido por la luz.
Ayelen no podía moverse, nadie había visto lo que ella; nadie salvo Quinturay.
Cuando la noche cayó sobre la comunidad, la Machi fue a verla.
─¿Qué has decidido?
─“Él” me ha mirado.
─Sí.
─Sabe quién soy.
─Sabe qué eres –indicó la anciana.
─¿Vendrá a buscarme?
─Sí.
─¿Qué puedo hacer?
─Fortalecer tu espíritu en lugar de combatirlo.
─¿Podré sanar como has hecho tú hoy?
─Con el tiempo y la preparación, sí.
─Necesitaré mucha ayuda, mi madre ¿estará conmigo?
─Sólo yo estaré contigo.
─¿Qué es lo primero que debo aprender?

─Tal vez…, que Ayelen en mapudungun significa “la que da alegría”.

Con todo el cariño y respeto a la comunidad MAPUCHE de  Temuco, y en especial a Millaray que tuvo la paciencia de contarme cosas de esta poderosa y antigua cultura.

¡Hasta la próxima desconexión!