jueves, 20 de octubre de 2016
BASTA YA. NI UNA MÁS
domingo, 28 de febrero de 2016
EL INFRANQUEABLE
PD Feliz día de Andalucía a todos mis paisanos. (Aprovecho la entrada para decir que no podemos olvidar que el Mediterraneo que baña nuestras playas fue cuna de civilizaciones, no lo olvidemos, mantengamos ese espíritu)
domingo, 7 de febrero de 2016
EN LAS TABLAS
miércoles, 13 de enero de 2016
ESTACIÓN: “LA ISLA”
miércoles, 23 de septiembre de 2015
SE NOS FUE LA MAMÁ CARMEN BALCELLS
jueves, 17 de septiembre de 2015
CARTA A MI AMIGA (Grandes dilemas)
viernes, 20 de febrero de 2015
ORO
martes, 21 de octubre de 2014
EL LIBRO DE LAS MENTIRAS
martes, 21 de enero de 2014
¿UN ROBIN HOOD MODERNO?
domingo, 24 de noviembre de 2013
ERROR DE CONEXIÓN
sábado, 26 de octubre de 2013
UN DÍA CUALQUIERA
domingo, 17 de abril de 2011
ÚNICA RESPUESTA


¿Cuándo me has herido por última vez?
¿Cuándo limpiaste tus lágrimas por última vez?
¿Cuándo me hiciste llorar por última vez?
¿Cuándo has odiado por última vez?
¿Cuándo me has hecho odiarte por última vez?
¿Cuándo has reído por última vez?
¿Cuándo? Tal vez ahora.
¿Ahora?
Ahora, que te miro a los ojos y la ironía del momento desborda mis labios.
¿Por qué?
Porque acabo de descubrir que cuando alguien lo es todo para ti, todas tus respuestas se convierten en una sola. Es tan aterrador, y tan simple al mismo tiempo.
¿No lo ves? ¿No ves cómo sonrío? ¿Acaso no ves la ironía? Esta es mi respuesta a tus preguntas.
Hasta la próxima desconexión!!!
domingo, 21 de noviembre de 2010
PEQUEÑAS HISTORIAS
- Todo has sido muy duro y repentino. Comenzaré desde el principio, si no le importa. Yo era parte de algo grande. Algo que todo el mundo se para a mirar y alababa. Se referían a mi como “precioso”. Todos estaban encantados conmigo. Poco después tuve una “caída”. Un única caída. Sólo una vez. Y mi mundo se desmoronó. Todos se sentía molestos en mi presencia, algunos hasta se ofendían. Les daba reparo tocarme, si lo hacían, era sólo con dos dedos, y miradas de asco en sus ojos. A veces, de hecho la mayoría, incluso me lanzaban lejos de donde estaban, con palabras de desprecio. No fue culpa mía. Algo no debió salir bien, era demasiado joven para acabar así. Ni siquiera me esperaba aquel “tropiezo”, pero pago las culpas de los que están por encima de mí. Ahora, no soy ni la sombra de lo que fui. No soy nada más que un deshecho del que librarse. Todo mi estatus se marchó por donde vino. Sin avisar.
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- Hasta aquí el relato del miserable “pelo” caído. Devolvemos la conexión.
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Pero el asunto era que la mujer con la que se casaba traía “equipaje” y una chica de mi edad vino a vivir a casa con nosotros. Todo era nuevo para mí. Siempre habíamos sido dos hombres en casa. Ahora había dos mujeres más. No sabía tratar a la chicas en esa época. En ésta tampoco, pero eso es otro cantar.
Mi padre tuvo serías, largas y semanales charlas conmigo para intentar conseguir que la tratara primero como una amiga, luego como una hermana y finalmente, su meta, que me saliera natural llamarla de ese modo. Los meses fueron pasando y la cercanía hizo su trabajo. Empezamos a compenetrarnos bien, a cuidar el uno del otro. Se forjó una nueva familia. Tanto me esforcé en adecuarme a mi hermana, tanto empeño le puse, que sinceramente lo conseguimos.
Sé que ella también se esforzaba estaba en la misma situación que yo. Al llegar a casa un día y decirme: “hermano” creo que todo me cuadró por primera vez.
Pero la felicidad duró poco y tan embelesados estábamos consiguiendo querernos, que no nos dimos cuenta de que nuestros padres ya no lo hacían. Todo se fue como vino. De la noche al día. Volvía a vivir sólo con mi padre. Mi madre nuevamente no existía para mí. Y ahora tampoco tenía una hermana. Nunca pensé que, el hecho de no tener los mismos apellidos, pudiera acabar con aquella relación de una manera tan tajante. Meses atrás, intentaba quererla como si fuera mi hermana y sólo unos días después, no era NADA para mí. Mi cabeza lo sabía mi corazón, no. La sociedad es demasiado lógica, demasiado legalista. Todos mis amigos me comentaban que ella no era nadie, no era mi hermana, ni tampoco era ya, la hija de la mujer de mi padre, ahora ella era, nuevamente, una extraña.
Hoy me la crucé en la calle y la palabra “hermana” se me atragantó en la garganta, haciéndome daño. Había perdido ese derecho. A quién le importaban los derechos, las etiquetas, los nombres o los apellidos. La sangre no es la única manera de crear lazos. O eso me había dicho mi padre en alguna de aquellas charlas, pero ahora era el primero en retractarse de ello.
Nos obligan a querer cuando les conviene y a odiar cuando les viene bien. No quiero. No es justo. No es coherente, no es bueno. Ni tan siquiera, es humano manipular así el corazón. Odio que una ley niegue lo que mi corazón construyó.
Hasta la próxima desconexión!!!!!!!!!!!!!!!!!!
domingo, 24 de octubre de 2010
ALIGERANDO PENSAMIENTOS

Palpó con la mano derecha su cuello, y encontró una pequeña cadena de oro. Tiró de ella hasta que apareció una pequeña llave del mismo metal. Sonrió al verla. Ahora podría lograrlo. Se acercó al llave a la cabeza, a la altura de la sien y la rodeó, hasta la parte de atrás. Allí insertó la llave en una cerradura oculta por el pelo, y abrió su cráneo.
Con la mano izquierda hurgó en su cerebro y fue extrayendo lo que no necesitaba. Las preocupaciones por la crisis, fuera. Los problemas familiares, fuera. El encuentro con el oponente, fuera. Aquellos niños de las noticias, fuera. La muerte por violencia de género, fuera. Los accidentes de tráfico, fuera. Las pateras, fuera. Las colas frente a la oficina del paro, fuera. Las camas en los pasillos del hospital, fuera... Y así pasaron diez largos minutos.
Ahora sentía su cabeza mucho más despejada, listo para comenzar la tarea. Sí, ahora podría hacer otro discurso vacío, lleno de palabras, y más palabras, distanciado de la realidad social. Lejos de aquellos pensamientos, que le hacían doler la cabeza.
Hasta la próxima desconexión!!!!!
jueves, 10 de junio de 2010
JUST WALK AWAY

Terminó el último expediente, apagó el ordenador, cerró con llave el cajón de su escritorio y echó la llave al despacho. Hoy había sido un día difícil. Más de veinte casos en una mañana. La vida de un fiscal no era digna de envidia. Se sentía atrapado, como si el nudo de su corbata estuviera estrangulando su libertad. Las paredes se cerraban sobre su cabeza, tenía ganas de golpearla contra la puerta de madera. Para evitar llevar a cabo ese insistente pensamiento cogió las llaves de su coche, bajó al garaje, subió y se puso en camino. Tenía claro donde quería ir. Mañana no había trabajo, pero no podía creer poder llegar a mañana así.
Tardó más de cincuenta minutos en llegar, pero allí estaba. Se quitó los zapatos y los calcetines, recogió los pantalones de su traje gris y caminó por la playa hasta quedar a pocos metros del agua. Se sentó sin importarle manchar el traje. Se había quedado en mangas de camisa, se remangó.
Encendió su mp4 y escuchó una única canción “Just walk Away” de Celine Dion una y otra vez, mientras miraba el balanceo de las olas. No sabía cuanto tiempo estuvo allí pero el sol comenzaba a caer y un hormigueo persistente se apoderaba de su pierna derecha.
Poca gente quedaba en aquella playa, además era temporada baja, pero aún así se fijó en unos niños jugando dentro del agua. Dos chicos blancos y uno de color. Las gaviotas empezaban a rondar la arena vacía. Había conseguido tranquilizar el martillo que golpeaba sus sienes y su pecho y domar o, quizás dormir al león enjaulado, que peleaba en su interior.
Cuando sintió el llanto de un niño. Giró su cabeza a la derecha buscando, por instinto, explicar de donde venía aquel desconsuelo. El niño de color, no debía tener más de 10 años. Lloraba amargamente delante de su padre, totalmente empapado y en bañador, porque los otros dos niños, más o menos de su edad, le lanzaban piedras e increpaban. El padre no tuvo otro consejo que darle que él también cogiera una piedra y, literalmente, “les abriera la cabeza”. El niño, siguiendo instrucciones, lanzó una piedra contra los otros dos, pero no alcanzó a darles, iba muy carente de fuerza. No estaba en su naturaleza hacerles daño. Él como fiscal creía poder intuir esas cosas.
Comenzó la batalla de piedras por parte de los otros niños, crecidos por la casi nula respuesta del agredido. Le siguieron los insultos relativos al color de su piel. Aquello lo indignaba profundamente, incluso como espectador.
Había ido allí en busca de paz y volvía a encontrarse inmerso en violencia, injusticia e impotencia, ¿Cómo podía escapar de su escenario diario? Ya ni la pequeña playa de su niñez podía salvarlo del regusto amargo de no poder cambiar nada por más que lo intentaba, que sólo podía contemplar el racismo, la violencia, la incomprensión y la falta de juicio...sólo contemplarla o cerrar los ojos ante ella... ese seguía siendo su triste dilema no resuelto.
lunes, 24 de mayo de 2010
LA COMPATIBILIDAD DE LA HIPOCRESÍA...

Trató de calmarse. Respiró profundamente, estiró sus dedos y se preparó mental y físicamente para el segundo intento, pero sus manos no paraban de convulsionarse, tan enérgicamente que le resultaba imposible coordinarlas para rasgar el sobre.
Tuvo que volver a desistir. Se dispuso a aplicar todas la técnicas de relajación que había aprendido en esos años. Centró su energía, acomodó su respiración e intentó liberar su mente. No era algo que fuera a conseguir en ese momento, pero al menos el mero intento lo mejoró. “A la tercera va la vencida” o eso se repetía. Sus manos, en el nuevo intento, se posaron sobre la carta y aunque inseguras, esta vez logró mantenerlas controladas el tiempo necesario para abrirla. Desdoblaba los pliegues del papel todo lo rápido que podía porque sentía como el ataque de pánico o de ansiedad (nunca supo distinguir esos términos) corría a su encuentro. El corazón empezaba a latirle como caballo desbocado, y la respiración se entrecortaba y agitaba hasta el punto de llegar caso a hiperventilar...
Comenzó a leer la carta...
...
...sus ojos permanecían fijos en un punto concreto del escrito. Sintió como estos se le llenaban de lágrimas, tanto que parecían aumentar de tamaño, como si sus globos oculares fueran hinchándose y estuvieran a punto de estallar, pero no quería dejarlo salir, se negaba. Tanto así que sus ojos llegaron, realmente a dolerle de la presión. Pero no lloraría, no lo haría, no ahora.
Dejó la carta sobre la mesa...
Al descubierto quedó la frase que había fijado su atención de aquella terrible manera, la que creó aquella situación, la que dio lugar al presente desenlace, y antes al previo agónico que había experimentado. Sólo aquella frase...
LA COMPATIBILIDAD DEL DONANTE ES DEL 98.9% la operación es viable, se procederá a la misma, para ello póngase en contacto con...
...
Ahora todo era posible. Los planes de futuro, los sueños, la felicidad, al menos la suya y bastante le había costado, no era el momento de pensar en el donante, no ahora, no en este momento. Tampoco era el momento de pensar cómo lo había logrado, no ahora, puede que nunca. Tal vez después de la operación podría volver a pensar en lo que estaba mal en el tráfico de órganos, pero no ahora, no era el momento....
(Junto a la carta sin remite del “donante” se encontraba otra carta, aun por cerrar... El título del escrito era: CARTA DE RENUNCIA, la firma del mismo: Director del Banco de Órganos de ....(qué importa dónde)
Hasta la próxima desconexión!!!!
domingo, 18 de abril de 2010
EDAD: 33 AÑOS

Las 11.16 horas.
Estaba tumbado sobre la cama, con las esposas fijando sus pies y sus muñecas a aquellos finos, pero resistentes, barrotes de acero. Su cuerpo estaba tenso, como la cuerda de una guitarra. Cualquier cosa podría hacerlo saltar, sólo que estaba encadenado. Quedaba tan poco por hacer. Tenía 33 años. Qué ironía. Nunca había sido creyente, pero ahora iba a compartir un destino parecido con aquél Ser, al que medio mundo adoraba. Claro que a él no lo crucificarían, ni había sido culpado injustamente, pero tampoco había tenido sueños de grandeza y se había proclamado Hijo de Dios, así que casi estaban a “mano”. Esa idea le hizo sonreír, estaba claro que los nervios le empezaban a jugar una mala pasada, qué clase de pensamientos eran esos. El único parecido que tenían es que ambos habían sido juzgados, y declarados culpables y ambos serían ejecutados a la edad de 33 años. Por lo demás, nada tenían que ver sus vidas...
Recordaba cuando lo instruyeron para comenzar a delinquir. Tenía nueve años, cuando sus hermanos y padres le enseñaron a colarse en las tiendas y en las casas para robar, aprovechándose de su minoridad de edad. Era algo seguro. Le habían dicho muchas veces que lo peor que podía pasarle es que, los dueños, le dieran unos golpes si lo pillaban, pero nada más y debía sacrificarse por la familia. Debían comer. Ellos no podía porque acabarían en la cárcel, pero él, era otra cosa, era impune a todo lo que pudieran intentar.
Pero sí había una consecuencia que nadie le explicó. Algo que le haría perder todo lo que su infancia le debía regalar. Recuerdos y situaciones que quedaron en el “Debe” de la cuenta de su vida. Entró, por primera vez a un centro de menores con catorce años, allí fue el principio del fin. Todo estaba abocado a este final. Habían transcurrido los años y ahora, a los treinta y tres, la “contabilidad” de su vida jamás “cuadraría”...
Las 12.30 horas.
El médico esperaba para la inyección, con su cara de tedio. Su trabajo no era el más estimulante, nunca estudió la carrera por vocación, pero tampoco esperó convertirse en un verdugo. Siempre creyó que tales cosas se habían acabado en los tiempos remotos que exhibían las películas. Pero ahora, todo era más frío, más limpio, más “humano”. Lo que no había cambiado era el hecho de convertirlo en un espectáculo. Pura y llanamente, nunca entendería por qué se encontraba rodeado por una pecera de cristal. Era como un pez sin agua. Y no creía que fuera mejor para el preso. Si al menos fuera algo íntimo, algo que no pareciera un circo... Pero no. Allí estaba, con su tez lívida, de nuevo frente a la galería. Intentado poner pose de profesional, ante la inminente ejecución. No sabía que había hecho el chico al que hoy despojaría de su vida. Hacía mucho que había dado orden de no conocer los expedientes, antes le servían para justificar sus acciones, ahora sólo le daban más quebraderos de cabeza, intentado decidir si realmente se lo merecía o no. “Es un trabajo, no es responsabilidad tuya” se repetía una y otra vez. Pero aquellos que firmaban las sentencias no manchaban sus almas con la muerte de los presos, no los veían apagarse delante de ellos, con esa mirada de pánico que, al final, todos mostraban. Esa mirada que se clavaba en su mente por la noches y lo dejaba despierto sin remedio. “Esta es la última, dimitiré” volvía a repetir frente al espejo del baño todas aquellas noches de insomnio. Pero con las luces del día los fantasmas volvía a esconderse y las facturas y responsabilidades aparecían. “Total, no puede ser peor de lo que ya es, si me voy ahora nada cambiará” y regresaba a su puesto de trabajo, en un círculo vicioso, sin visos de acabar.
Ya es la hora.
Vio al chico entrar a la “pecera” con su mejor pose, haciendo un intento por mantener la calma.
-Como todos- pensó- Pero no te durará demasiado porque, en realidad, esto es profundamente aterrador. Así que no te preocupes por aparentar, llora, grita, ruega, pide perdón, suplica, pude que no cambie nada, pero que no te avergüence, porque de verdad es algo horrible. Incluso puede que incomodes a alguien y que por fin se de cuenta de lo que realmente se hace dentro de esta limpia y pulcra pecera. ¿Por qué todos se empeñan en aparentar que no es nada? Yo no puedo aguantarlo más...
Las 22.35 horas.
Sentado en el sofá de su casa, con la tele encendida en una de esas series cómicas que abundan en la televisión estos días. Una de esas cuyo guión es predecible sus chistes infinitamente utilizados y sus actuaciones mediocres, iluminaba tenuemente la habitación. Su mano aferrada sobre el mando...
Las 22.50 horas.
Descubren en el inventario, que faltan dosis de las inyecciones letales. Miran los pases de seguridad. Desde el último inventario, sólo han entrado dos personas, una está en ese momento haciendo el recuento, la otra es el médico...
Las 23.16 horas.
La policía encuentra el cuerpo del médico en la misma posición. Con varias agujas clavadas. Nadie se explica cómo tuvo la sangre fría para hacerlo, era un procedimiento macabro. Uno de los policías levantó acta de lo ocurrido...
-Tenía 33 años...









