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jueves, 20 de octubre de 2016

BASTA YA. NI UNA MÁS

Vaya por delante que sé que no sirve de mucho escribir sobre el tema en un pequeño blog como este y que hay personas que lo harán mil veces mejor, pero permitidme el desahogo, y perdonadme el enfado y la frustración.

Ayer ocurrió uno de los hechos más viles que pueden suceder en una sociedad civilizada, no ha sido la primera vez y mucho me temo, (y ojalá me tuviera que tragar estas palabras) que no será la última.
En Argentina (y podría haber sido en cualquier parte) tres sujetos violaron, empalaron y mataron a una chica de dieciséis años. Así de crudo, así de obsceno y así de real. Dieciséis años. 
Tengo amigas en ese país y algunas de ellas no distan mucho de esa edad, solo pensarlo hace que se me ponga el vello de punta. No es necesario conocer a la víctima para sentir la repulsa, pero por un momento piensa que es tu hermana, tu amiga, tu prima, tu mujer... hoy habrá otra chica de dieciséis años que no podrá mirar con complicidad a su amiga cuando haga alguna tontería. Habrá una hermana, un padre, una madre, una familia, que echará en falta a su niña, y solo le quedará el dolor, la frustración, y la ira. Pienso en cuando tenía esa edad y en lo que ha pasado desde entonces, esa cría, no tendrá la oportunidad de experimentar nada más, a esa edad aún apenas has vivido, y hay tres desalmados que se creyeron con derecho a acabar con todo eso. Con su vida. Así, sin más, porque podían, porque eran tres y se sentían valientes y despreciaron a una mujer, porque... ni tan siquiera sé qué pensaron para llegar a hacer tal aberración. Solo sé qué no pensaron. No pensaron que ella mereciera nada, que no era nadie, que podían hacer lo que les apeteciera.
Aún hoy existen "hombres" que se creen con derechos sobre las mujeres, solo por ser eso... mujeres. Caminar por la calle y tener que ir en tensión porque ha oscurecido, aligerar el paso cuando te cruzas con depende qué personas, esa inquietud que nos embarga a todas y que ellos nunca entenderán. No digo que todos los hombres sean así (ojo, ni mucho menos) pero sí que todas las mujeres saben de qué estoy escribiendo, todas pasamos por cosas así durante nuestra vida, y algunas, como ella, no lo cuentan.
Como dije al principio, sé que no servirá de nada y sé que yo no lo puedo cambiar escribiendo aquí, pero qué menos que mostrar mi asco ante lo ocurrido y mi miedo a que las nuevas generaciones sigan sufriendo lo que sufría la generación de mi abuela. Una sociedad llena de avances técnicos, globalizada, y tan carente de avances en la educación social, el respeto y la igualdad.
Ojalá que esa niña argentina, que ayer comía tomates cherry, de pie en su silla puesto que aún no llega a la mesa, mañana, cuando tenga dieciséis años, pueda vestir como quiera, no tenga que escuchar groserías cuando camina sola por la calle y sobre todo que "pueda cumplir diecisiete años".


Hasta la próxima desconexión

domingo, 28 de febrero de 2016

EL INFRANQUEABLE


Te crees el gran señor. El infranqueable. Te haces llamar mar, pero eres un huerto sembrado con los huesos de mi gente; un cementerio que oculta bajo sus aguas las muertes de personas que vienen huyendo, que ahoga los gritos de la desesperación. Eres el abismo que no se nos permite cruzar. La frontera que levantan los “señoríos” y nos niega una oportunidad de vivir. Paladín de la indiferencia humana, abanderado de la miseria y la desigualdad, guerrero de los opresores, que lanzas tu oleaje contra nuestras cáscaras de nuez y presumes de tu fuerza. Remolinos de niños sin vida llegan a tus orillas como tristes rastros de las batallas perdidas. Luchas desiguales en tierra y mar. Tú, Mediterráneo, que presumes de tus aguas y tus colores, no presumas, tu fondo está lleno de muertos.

Hasta la próxima desconexión.

PD Feliz día de Andalucía a todos mis paisanos. (Aprovecho la entrada para decir que no podemos olvidar que el Mediterraneo que baña nuestras playas fue cuna de civilizaciones, no lo olvidemos, mantengamos ese espíritu)

domingo, 7 de febrero de 2016

EN LAS TABLAS



Subo, las tablas del teatro crujen bajo mis pies. Oigo los murmullos tras el telón. Las luces apagadas, la respiración contenida, el sudor empieza a escaparse corriendo por mis sienes. Ajusto el chaleco y carraspeo. El telón hace el típico “ras, ras”, ese sonido que me acompaña desde que era adolescente, preludio del alzamiento. Mis compañeros preparados, tensos como yo. Esperamos todo el año para este momento, no solo hemos practicado sobre un escenario, sino con nuestro vivir.

Algunos nos llaman payasos y otros juerguistas, se piensan que bajo este disfraz me escondo para clamar lo que no dije cada día de este largo y horrible año. No se confundan, señores, no llevamos disfraces sino pinturas de guerra, los colores de la libertad: la libertad de expresión y la libertad del pueblo, que cada año ruge en los teatros, y grita, a garganta abierta, las verdades, los sufrimientos y las penas de la gente que no sale en las noticias. No, señores, no se confundan, yo no vengo a divertirme ni a emborracharme entre bambalinas, soy el heredero de esta tradición que incluso costó vidas y encarcelamientos en otras épocas que ya no parecen tan lejanas. Vengo cargando sobre mis hombros el quejío de mi pueblo, y lo hago cantando, acompañado de guitarras y bandurrias, de voces templadas y llenas de rabia, de golpes de pecho y de alguna que otra lágrima. Vengo cargado de impotencia y de orgullo. Y ya pueden… ya pueden criticarnos por soberbios, por fantoches y por vagos, pero sigo aquí, de pie tras el telón, esperando sin esperanza que se avergüence el protagonista del pasodoble de mi comparsa. Y seguiré cantando.

Hasta la próxima desconexión.

miércoles, 13 de enero de 2016

ESTACIÓN: “LA ISLA”




La puerta se abre y me acomodo en el asiento más cercano al conductor del metro. Enciendo el ipod y el ebook. A mi lado, una chica embutida en unos breves shorts desbloquea su móvil y hurga en la pantalla con avidez, sabedora de que pronto no tendrá conexión. Arrancamos, suspira y lo apaga. Observa de reojo para saber qué leo; su curiosidad me agrede y giro la muñeca para que no pueda verlo. Acoge la indirecta con naturalidad. Salvado el escollo, agradecidas, regresamos a nuestro vagón del silencio.

Hasta la proxima desconexión.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

SE NOS FUE LA MAMÁ CARMEN BALCELLS

"Todos nacemos felices. Por el camino se nos ensucia la vida, pero podemos limpiarla. La felicidad no es exuberante, ni bulliciosa, como el placer o la alegría. Es silenciosa, tranquila, suave, es un estado interno de satisfacción que empieza por amarse a sí mismo. Tú deberías quererte como te quiero yo, como te quieren todos los que te conocen..." (El Amante Japonés- Isabel Allende)





Isabel es una de mis escritoras de cabecera, por muchos motivos, pero por uno en particular; ella me enseñó a disfrutar de la literatura y también que era posible contar crudas verdades intercalando un poco de magia. Hace un par de días murió Carmen Balcells, editora no sólo de esta escritora sino de otros grandes autores (Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Pablo Neruda, Miguel Delibes, Álvaro Mutis, Camilo José Cela, Vicente Aleixandre,Gonzalo Torrente Ballester, Manuel Vázquez Montalbán, José Luis Sampedro, Terenci Moix, Juan Carlos Onetti, Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, Josep Maria Castellet, Juan Goytisolo, Alfredo Bryce Echenique, Juan Marsé, Eduardo Mendoza, Isabel Allende, Rosa Montero y Gustavo Martín Garzo...). Así que puede decirse que gracias a ella, yo amé la literatura (y para bien o para mal este blog es resultado de ese "amor").

Gracias por regalarme tardes llenas de palabras junto a una ventana y numerosas vidas que habías seleccionado con cariño para mí.


Hasta la próxima desconexión.

jueves, 17 de septiembre de 2015

CARTA A MI AMIGA (Grandes dilemas)


Málaga a 17 de septiembre de 2015

Amiga, esto va a ser bastante atípico, ya te voy avisando.

Primero, ¿cómo se saluda hoy día por carta? ¿Hi!? ¿Hola? ¿Buenas? Estoy segura que “Estimada” o “Querida” no pega nada, así que mejor pasemos un tupido velo sobre el incómodo tema del saludo, y que empiece esta conversación “in media res” como dirían los literatos.
Segundo, (muchas son las dificultades o dudas que tenemos hoy día para escribir una carta, como puedes ver) ¿qué tono debo usar? No es una carta a un desconocido, ya hace años que nos conocemos vía Internet e incluso nos hemos visto en tres o cuatro ocasiones, por lo que el dilema al que me enfrento es el siguiente: no puedo usar las típicas frases de presentación, “Mi nombre es…, soy de…, tengo X años…”porque ya nos conocemos, pero no tenemos un contacto tal que nos haga cercanos (literal y no literalmente hablando) así que, ¿qué me recomiendas?
Es difícil que me sugieras algo antes de contestar a esta carta, pero ya sería tarde, no creo que tu sugerencia sea la salida a mi problema. Supongo que me arriesgaré con un tuteo así, de andar por casa, no tanto como un whatsapp (prefiero no tener que poner abreviaturas y emoticones, porque dibujar caritas en el papel no es lo mío, eso lo dejamos para cuando conversemos por otras vías)
Como decía, usaré el tono de unas amigas que, por ejemplo, fueron compañeras de colegio, pero hace quince años que no se ven. ¿Te parece? Si no es así ya me lo harás saber en tu carta.
Ya tengo resuelto dos de los mayores escollos pero llega el contenido fundamental. No quiero que esta carta sea un ejercicio de “yoismo” aunque en realidad todas las cartas lo son (según mi opinión) Te cuento sobre mí cosas que tal vez no quieras saber, no te interesen o directamente te aburran, y tampoco quiero que se convierta en un interrogatorio, ¡ni que esto fuera una investigación de la policía! En fin, no me malinterpretes, quiero saber de ti, pero tampoco me creo con derecho a preguntarte nada, vaya a ser que no quieras contármelo y jamás te pondría en esa situación. ¡Qué prime la libertad, ante todo!
Me empiezo a agobiar, es que no sé… esto es más difícil de lo que pensaba, yo creo que esta locura que se te ha ocurrido de mandarnos cartas escritas a mano, así, sin más, sin pensártelo, no va a funcionar. Lo mejor va a ser que te siga mandando los mensajes al móvil porque lo de usar papel y bolígrafo es mucha presión para mí. A todo esto, ¿bolígrafo o pluma? ¡Ves! Yo, así no puedo.
Voy a mandarte este intento de misiva (mira, uso palabras de las que te gustan) solo para que veas que no he podido escribirte una carta. ¡Ah! Y de paso te mandaré un whatsapp para que sepas que ya va para allá. No sea que se pierda y creas que no te escribí.

Una última duda me asalta. ¿Cómo me despido por carta? ¿Adiós? ¿Un beso? ¿Nos vemos? (no creo que eso pase) ¿Ciao? ¿Bye? Bueno dame por despedida y se acabó.

¿Por qué a estas cosas no se les acaba la batería, o la tinta en este caso?

Te dejo sin posdata ni nada, que nunca supe para qué servían.

¡Hasta la próxima desconexión!

viernes, 20 de febrero de 2015

ORO


Abrió los ojos, ya había amanecido. Descorrió el dosel de la cama y su blanquísimo camisón rozó el suelo. El vestido rojo con adornos de plata estaba sobre la silla, como la última vez. Todo estaba preparado. Se recogió el pelo en un ajustado moño y colocó decenas de brazaletes de oro en sus brazos, hasta llegar al codo, también usó varios anillos e incluso un precioso nath.
                Estaba lista para salir, iba a ser un largo día. Se miró en el espejo y satisfecha con su imagen, caminó hacia el fondo de la habitación, abrió el armario y sacó una botellita de apenas diez centímetros, con unos polvos dorados dentro, la miró sonriente y salió del palacio.
                Bajó por la gran escalinata de mármol arrastrando la cola de su vestido. Desde allí podía ver todo el pueblo. Trabajadores en los campos, niños y niñas corriendo por las calles, hombres y mujeres comprando en el mercado...
                Al poner un pie tras el último peldaño de la blanca escalera, el pueblo se detuvo, todos inmóviles giraron sus rostros para mirarla. ¡Tan esperada! Los reflejos del sol sobre su ropa y adornos los deslumbraba, como cada vez. Ellos le rendían pleitesía a su paso; algunos, los más valientes, se atrevían a hablarle, a suplicar su ayuda. Ella miraba en su interior a través de sus ojos y en algunas ocasiones deslizaba por su muñeca uno de los brazaletes y se lo entregaba, pero en otras seguía su camino sin más. Cuando era un niño quien se acercaba a ella para pedir ayuda, nunca se negaba, pero no le entregaba ningún brazalete, anillo o adorno de oro, sino que abría la botellita y ponía algo de ese brillante polvo en un trozo de tela y se lo entregaba con una gran sonrisa. Los niños regresaban a casa muy emocionados, pero a veces sus padres los reñían por no conseguir algo de oro.
                Uno de esos niños al sentir que había decepcionado a sus padres que pasaban necesidades, regresó para hablar con la dama, y le pidió que cambiara el polvo por un brazalete, puesto que necesitaban el oro. Ella sonrió y dijo que el oro no era para los niños, que el polvo era mejor regalo. El niño preocupado por cómo sus padres podían tomarse aquel fracaso se lanzó contra la señora y tiró de los brazaletes intentando conseguir alguno. Tanto lo intentó y forcejeó que a la dama se le cayó la botellita dorada, y el polvo salió volando, arrastrado por el viento mientras ella lo miraba con tristeza...

**

Se giró bruscamente en la cama y vio que la botella había caído de la mesita de noche, esparciendo su aroma por toda la habitación; su marido renegaba en sueños a su lado y el bebé se despertó llorando por el ruido.

-¡Vaya! Tardaré mucho en poder comprar otra botella de polvo de hadas. Ojalá que cuando pueda regresar aún haya niños que quieran soñar.

Hasta la próxima desconexión.

martes, 21 de octubre de 2014

EL LIBRO DE LAS MENTIRAS



-Mariano, ¿has hecho los deberes? -el pequeño miró hacia la puerta mientras acercaba la libreta y escondía el tebeo.
-¡Estoy en ello, mamá! En cinco minutos los acabo.
-Muy bien, date prisa porque vamos a cenar.
Esa fue su primera mentira. Lo recordaba  ya que fue la más difícil; se le aceleró el corazón en un segundo, nunca antes, en sus diez años de vida, le había mentido a nadie. Podía haberle dicho a su madre que no los había hecho porque su amigo consiguió el tebeo que tanto quería y se le había pasado el tiempo sin darse cuenta; pero prefirió evitar la regañina y disimular su despiste. Así que mintió. Al día siguiente su profesor le obligó a copiar cien veces que debía hacer los deberes.
Si escribía sus malas acciones, sus mentiras quedarían perdonadas, así había sucedido con los deberes. Fue esa idea lo que dio lugar a lo que llamaría "El libro de las mentiras".

Mentira nº 1: Ayer mentí a mamá y le dije que había hecho los deberes.

Cerró el libro y se sintió mucho más aliviado.
Con el paso de los años no había perdido la costumbre de anotar sus faltas, pero, ya no lo hacía por la misma creencia, sino que se había convertido en un hábito, como un diario de maldades.

Mentira 3.010: Hoy le dije a Teresa que no había estado con Blanca después de que ella se fuera, y la llamé celosa y desconfiada. Menos mal que Blanca me avisó antes.

Tras llegar a la universidad no podía contar, no el número de mentiras, sino los tomos que tenía aquella extraña obra literaria. Decidió cambiar el sistema de anotaciones y solo fecharlas, ver el número le hacía sentir incómodo. La mentira se había convertido en su principal herramienta; ya no era algo sobre lo que pedir perdón, sino un mecanismo que perfeccionar y aprovechar para solucionar todo tipo de problemas, desde una falta de asistencia, a una infidelidad, pasando por algún hurto de poca monta.

Mentira de 26 de septiembre de 1979: Hoy copié en mi examen de las oposiciones a registrador. Pero creyeron que fue el chico que se sentaba a mi lado, lo han expulsado. Una lástima, después no he podido seguir copiando, espero aprobar.

Mentira de 15 de enero de 2005: Mentí a mi hijo. Le dije que su madre y yo lo habíamos buscado y estábamos muy contentos cuando nos enteramos de que venía. No pude decirle que nos pilló de sorpresa, ni hablarle de la boda forzada, ni de que sin él no hubiera habido boda.

Mentira de 21 de diciembre de 2011: Hoy juré la Constitución y prometí servir a mi pueblo. No pretendía que fuera una mentira, pero sé que debo anotarlo aquí y al menos ser sincero conmigo mismo. Sé que en cuanto entre a mi despacho mañana, lo será y seguirá siéndolo cada día. No habrá papel para tanta falacia.

Mentira de 2 de abril de 2013: No me atreví a dar la cara. Hice una comparecencia por videoconferencia. Las mentiras empiezan a acabar con todo lo que construí, nadie se fía de mí. Nadie me cree, ni siquiera yo.
Mentira de 31 de agosto de 2014: Volví a mentir a todos los españoles. Debo hacerlo, es lo que el partido me dice. Además no quiero quedar como un inútil. "Hay brotes verdes" Jamás una de mis mentiras fue tan estúpida. Y por si fuera poco ahora me han convertido en un mal mentiroso. Se supone que mentía para que no me atraparan, no para quedar como un inepto. Esto se va a acabar.

Mentira 12 de octubre de 2014: Hoy dije que mis colegas europeos me apoyan, que lo estamos haciendo bien. He acabado increpado y recibiendo los lanzamientos de guantes de plástico de los sanitarios en el hospital.

-Mariano, ¿estás bien?
-Sí, no te preocupes. ¿Cómo están los chicos?
-Tristes y preocupados. Sus compañeros los tratan... ¿No podrías salir  y decir que os equivocasteis? Calmar los ánimos, ¿cesar a alguien?
-Eso supondría decir la verdad.
-¿Y?
-Hace mucho que no lo hago, desde que era niño, y no hice los deberes...
-¿De qué hablas? No entiendo nada de lo que dices.

-Digo,... que ya no sé cómo hacerlo.

¡Hasta la próxima desconexión!

martes, 21 de enero de 2014

¿UN ROBIN HOOD MODERNO?




Hoy toca almorzar pescado, pensó Oliver mientras daba un bocado a su sándwich de atún. Estaba aceitoso. Se limpió los dedos en su agujereada camiseta en la que Yoda fumando marihuana decía: “Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”.
Se sentó frente a su portátil. Esta vez el encargo no era complicado y el beneficio era más que apetecible. Pirateó la base de datos de la Organización Nacional de Transplantes. Sólo tenía que colocar el nombre del hijo de su cliente el primero de la lista y estaría terminado. Limpio, rápido, sencillo y tremendamente provechoso, sobre todo para él.
Comprobó su cuenta y tras confirmar el pago y hacerlo desaparecer en el entramado habitual, finalizó el trabajo.
-Hora de recuperar el equilibrio- y como si fuera tan sencillo como acceder a su email pirateó la cuenta bancaria de su último cliente.
-Siempre tan generoso- dijo.
Tomó trescientos mil euros y los donó de forma anónima a una fundación contra el cáncer infantil.
-Listo- mordió de nuevo el sándwich de atún y miró su reloj. Le daba tiempo a ver un nuevo capítulo de Big Bang Theory antes de volver a la empresa.

¡Hasta la próxima desconexión!

domingo, 24 de noviembre de 2013

ERROR DE CONEXIÓN




Como cada mañana cojo el tren de cercanías, voy a trabajar. Es una bonita mañana, no tiene nada especial pero estoy de buen humor.
Me subo al tren, son cinco paradas hasta mi estación. Me pongo los auriculares y escucho la primera canción del día, vendrán muchas más.
Todo se oscurece, el día se torna noche en un segundo, salgo disparado de mi asiento y me encuentro desparramado en el suelo del vagón. Mi mano aún se aferra al móvil, no puedo verme las piernas, estoy bocabajo. Sé que parte del cuerpo de alguien ha caído sobre mí, pero es imposible saber quién es. Oigo como si estuviera bajo el agua, todo me retumba. No puedo sacar la mano izquierda de debajo de mi cuerpo. No sé qué hacer. Esta inmovilidad me está poniendo nervioso. Me cuesta respirar, sé que debo calmarme. Hiperventilo. Si sigo así me desmayaré. No quiero hacerlo, necesito dar a conocer que estoy aquí, que aún respiro.
No sé si tengo algo roto pero no siento dolor, sólo no puedo moverme. ¿Qué hago? ¿Qué ha pasado? La persona que me aprisiona no se mueve, no percibo nada en él o en ella. Eso me asusta aún más, y pido que no esté muerto.
Tengo mi móvil, sólo llamaré al 911 o a un amigo, o quizás a mi familia. No, a mi familia no. No quiero llamarlos desde aquí. Pero en realidad, no quiero hablar con un extraño.
Empiezo a tener sueño, no sé por qué me estoy durmiendo. Siento frío. No debe ser nada bueno. Necesito mandar un mensaje, llamar a alguien. No quiero dormirme, la oscuridad ahora me da miedo. No tengo cobertura,y tengo tanto sueño.
Este móvil me costó seiscientos euros, ¡¿Cómo es posible que no sirva?! Se me cierran los ojos y lo último que leo es “Conectando…”

Abro los ojos. Desorientado. Asustado. A mi alrededor tubos y pitidos que me recuerdan que estoy vivo. La policía está a mi lado, me preguntan, respondo lo poco que sé y lo mucho que recuerdo. Los sonidos retumbando en mi cabeza, el peso muerto sobre mi cuerpo, y sobre todo recuerdo mi miedo.
-          ¿Cómo me encontraron?
-          Cuando su familia se enteró del accidente llamó a emergencias, dijeron que su móvil, tenía GPS.
Se marchó, sin más. Me giré sobre un costado y lo cogí, ahora se podía leer… “Conectado”.

¡Hasta la próxima desconexión!

sábado, 26 de octubre de 2013

UN DÍA CUALQUIERA





Aquel día comenzó como cualquier otro. Tumbado sobre su costado izquierdo, se giró antes incluso, de que su móvil se iluminara y sonara aquella vieja canción, que había llegado a odiar.
Necesitaba cambiarla.
En treinta minutos estaba vestido, había desayunado y se disponía a ponerse en camino. Pero antes, debía revisar su correo personal. Durante la noche podía haber sucedido muchas cosas. También debía echar un ojo al correo del trabajo, sólo por si acaso. Además necesitaba con urgencia abrir su facebook, su twitter, su instagram, el perfil de su blog y el de su foro, revisar los periódicos y por supuesto, la agenda y las notificaciones y recordatorios para el día que avecinaba.
Cuando se dio cuenta, llevaba más de cuarenta minutos de retraso. Iba a perder el tren y lo peor de todo, la batería del teléfono ya iba por el cincuenta por ciento.
Cada vez se consumía antes, no podía explicarse por qué.
Salió corriendo. Por las escaleras se cruzó con varios vecinos, no los saludó. En fin, apenas los conocía.
En su trayecto a la estación revisó de nuevo los tweets más recientes y contestó un par de ellos. Sus amigos virtuales siempre estaban allí para escucharle, y si deseaba estar solo, con ignorar el móvil o silenciarlo, todo solucionado.
Llegó a la estación, compró el billete y casi voló para alcanzar el último vagón, antes de que el tren iniciara su marcha.
Un minuto, tal vez menos, tardó en descubrir que el teléfono móvil no estaba en su mano. Debió dejarlo caer antes de subir al tren. O tal vez en la taquilla.
De pronto en su cabeza surgieron miles de imágenes: tweets no contestados, recordatorios de citas que ya no recordaba, emails, actualizaciones de estado, el facebook…
Ni siquiera notó cuando su mano aferró el freno de emergencia del tren. Con el ímpetu de su corazón latiendo en sus sienes, abrió la puerta del vagón, sin reparar en que éste aún no se había detenido y saltó. La velocidad era mayor de lo que se apreciaba y cayó con fuerza contra el suelo, golpeándose la cabeza.
Todo se volvió negro, como si su batería se hubiera quedado a cero.
Aquel día nadie lo extrañó.

Hasta la próxima desconexión!! 

domingo, 17 de abril de 2011

ÚNICA RESPUESTA



¿Cuándo lloraste por última vez?
¿Cuándo me has herido por última vez?

¿Cuándo limpiaste tus lágrimas por última vez?
¿Cuándo me hiciste llorar por última vez?

¿Cuándo has odiado por última vez?
¿Cuándo me has hecho odiarte por última vez?

¿Cuándo has reído por última vez?
¿Cuándo? Tal vez ahora.

¿Ahora?
Ahora, que te miro a los ojos y la ironía del momento desborda mis labios.

¿Por qué?
Porque acabo de descubrir que cuando alguien lo es todo para ti, todas tus respuestas se convierten en una sola. Es tan aterrador, y tan simple al mismo tiempo.

¿No lo ves? ¿No ves cómo sonrío? ¿Acaso no ves la ironía? Esta es mi respuesta a tus preguntas.

Hasta la próxima desconexión!!!

domingo, 21 de noviembre de 2010

PEQUEÑAS HISTORIAS

Historia de una caída.

- Díganos como se siente.

- Todo has sido muy duro y repentino. Comenzaré desde el principio, si no le importa. Yo era parte de algo grande. Algo que todo el mundo se para a mirar y alababa. Se referían a mi como “precioso”. Todos estaban encantados conmigo. Poco después tuve una “caída”. Un única caída. Sólo una vez. Y mi mundo se desmoronó. Todos se sentía molestos en mi presencia, algunos hasta se ofendían. Les daba reparo tocarme, si lo hacían, era sólo con dos dedos, y miradas de asco en sus ojos. A veces, de hecho la mayoría, incluso me lanzaban lejos de donde estaban, con palabras de desprecio. No fue culpa mía. Algo no debió salir bien, era demasiado joven para acabar así. Ni siquiera me esperaba aquel “tropiezo”, pero pago las culpas de los que están por encima de mí. Ahora, no soy ni la sombra de lo que fui. No soy nada más que un deshecho del que librarse. Todo mi estatus se marchó por donde vino. Sin avisar.
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- Hasta aquí el relato del miserable “pelo” caído. Devolvemos la conexión.
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Una Historia De "Familia"

Hoy me la encontré. No sabía como mostrarme ante ella. Habíamos pasado por tantas etapas. Al principio, fue incómodo adaptarme a una completa desconocida. De la noche a la mañana mi padre me hizo saber que se casaba, nuevamente. No viví un melodrama. Era viudo y joven. Yo, casi no recordaba a mi madre. Me parecía bien.
Pero el asunto era que la mujer con la que se casaba traía “equipaje” y una chica de mi edad vino a vivir a casa con nosotros. Todo era nuevo para mí. Siempre habíamos sido dos hombres en casa. Ahora había dos mujeres más. No sabía tratar a la chicas en esa época. En ésta tampoco, pero eso es otro cantar.
Mi padre tuvo serías, largas y semanales charlas conmigo para intentar conseguir que la tratara primero como una amiga, luego como una hermana y finalmente, su meta, que me saliera natural llamarla de ese modo. Los meses fueron pasando y la cercanía hizo su trabajo. Empezamos a compenetrarnos bien, a cuidar el uno del otro. Se forjó una nueva familia. Tanto me esforcé en adecuarme a mi hermana, tanto empeño le puse, que sinceramente lo conseguimos.
Sé que ella también se esforzaba estaba en la misma situación que yo. Al llegar a casa un día y decirme: “hermano” creo que todo me cuadró por primera vez.
Pero la felicidad duró poco y tan embelesados estábamos consiguiendo querernos, que no nos dimos cuenta de que nuestros padres ya no lo hacían. Todo se fue como vino. De la noche al día. Volvía a vivir sólo con mi padre. Mi madre nuevamente no existía para mí. Y ahora tampoco tenía una hermana. Nunca pensé que, el hecho de no tener los mismos apellidos, pudiera acabar con aquella relación de una manera tan tajante. Meses atrás, intentaba quererla como si fuera mi hermana y sólo unos días después, no era NADA para mí. Mi cabeza lo sabía mi corazón, no. La sociedad es demasiado lógica, demasiado legalista. Todos mis amigos me comentaban que ella no era nadie, no era mi hermana, ni tampoco era ya, la hija de la mujer de mi padre, ahora ella era, nuevamente, una extraña.
Hoy me la crucé en la calle y la palabra “hermana” se me atragantó en la garganta, haciéndome daño. Había perdido ese derecho. A quién le importaban los derechos, las etiquetas, los nombres o los apellidos. La sangre no es la única manera de crear lazos. O eso me había dicho mi padre en alguna de aquellas charlas, pero ahora era el primero en retractarse de ello.
Nos obligan a querer cuando les conviene y a odiar cuando les viene bien. No quiero. No es justo. No es coherente, no es bueno. Ni tan siquiera, es humano manipular así el corazón. Odio que una ley niegue lo que mi corazón construyó.

Hasta la próxima desconexión!!!!!!!!!!!!!!!!!!

domingo, 24 de octubre de 2010

ALIGERANDO PENSAMIENTOS


Sentía su cabeza muy cargada. Le pesaba. Sí, era exactamente eso, le pesaba sobre los hombros, la sentía abarrotada de pensamientos que, en ese momento, no necesitaba. Tenía que escribir un discurso y así no podría hacerlo bien. Debía centrarse. Apartar de su mente todo lo que sobraba.
Palpó con la mano derecha su cuello, y encontró una pequeña cadena de oro. Tiró de ella hasta que apareció una pequeña llave del mismo metal. Sonrió al verla. Ahora podría lograrlo. Se acercó al llave a la cabeza, a la altura de la sien y la rodeó, hasta la parte de atrás. Allí insertó la llave en una cerradura oculta por el pelo, y abrió su cráneo.

Con la mano izquierda hurgó en su cerebro y fue extrayendo lo que no necesitaba. Las preocupaciones por la crisis, fuera. Los problemas familiares, fuera. El encuentro con el oponente, fuera. Aquellos niños de las noticias, fuera. La muerte por violencia de género, fuera. Los accidentes de tráfico, fuera. Las pateras, fuera. Las colas frente a la oficina del paro, fuera. Las camas en los pasillos del hospital, fuera... Y así pasaron diez largos minutos.

Ahora sentía su cabeza mucho más despejada, listo para comenzar la tarea. Sí, ahora podría hacer otro discurso vacío, lleno de palabras, y más palabras, distanciado de la realidad social. Lejos de aquellos pensamientos, que le hacían doler la cabeza.

Hasta la próxima desconexión!!!!!

jueves, 10 de junio de 2010

JUST WALK AWAY


Era viernes. Las tres de la tarde. Acabada su jornada de trabajo.


Terminó el último expediente, apagó el ordenador, cerró con llave el cajón de su escritorio y echó la llave al despacho. Hoy había sido un día difícil. Más de veinte casos en una mañana. La vida de un fiscal no era digna de envidia. Se sentía atrapado, como si el nudo de su corbata estuviera estrangulando su libertad. Las paredes se cerraban sobre su cabeza, tenía ganas de golpearla contra la puerta de madera. Para evitar llevar a cabo ese insistente pensamiento cogió las llaves de su coche, bajó al garaje, subió y se puso en camino. Tenía claro donde quería ir. Mañana no había trabajo, pero no podía creer poder llegar a mañana así.


Tardó más de cincuenta minutos en llegar, pero allí estaba. Se quitó los zapatos y los calcetines, recogió los pantalones de su traje gris y caminó por la playa hasta quedar a pocos metros del agua. Se sentó sin importarle manchar el traje. Se había quedado en mangas de camisa, se remangó.
Encendió su mp4 y escuchó una única canción “Just walk Away” de Celine Dion una y otra vez, mientras miraba el balanceo de las olas. No sabía cuanto tiempo estuvo allí pero el sol comenzaba a caer y un hormigueo persistente se apoderaba de su pierna derecha.


Poca gente quedaba en aquella playa, además era temporada baja, pero aún así se fijó en unos niños jugando dentro del agua. Dos chicos blancos y uno de color. Las gaviotas empezaban a rondar la arena vacía. Había conseguido tranquilizar el martillo que golpeaba sus sienes y su pecho y domar o, quizás dormir al león enjaulado, que peleaba en su interior.


Cuando sintió el llanto de un niño. Giró su cabeza a la derecha buscando, por instinto, explicar de donde venía aquel desconsuelo. El niño de color, no debía tener más de 10 años. Lloraba amargamente delante de su padre, totalmente empapado y en bañador, porque los otros dos niños, más o menos de su edad, le lanzaban piedras e increpaban. El padre no tuvo otro consejo que darle que él también cogiera una piedra y, literalmente, “les abriera la cabeza”. El niño, siguiendo instrucciones, lanzó una piedra contra los otros dos, pero no alcanzó a darles, iba muy carente de fuerza. No estaba en su naturaleza hacerles daño. Él como fiscal creía poder intuir esas cosas.


Comenzó la batalla de piedras por parte de los otros niños, crecidos por la casi nula respuesta del agredido. Le siguieron los insultos relativos al color de su piel. Aquello lo indignaba profundamente, incluso como espectador.


Había ido allí en busca de paz y volvía a encontrarse inmerso en violencia, injusticia e impotencia, ¿Cómo podía escapar de su escenario diario? Ya ni la pequeña playa de su niñez podía salvarlo del regusto amargo de no poder cambiar nada por más que lo intentaba, que sólo podía contemplar el racismo, la violencia, la incomprensión y la falta de juicio...sólo contemplarla o cerrar los ojos ante ella... ese seguía siendo su triste dilema no resuelto.
Hasta la próxima desconexión!!!!!!!!!!!!!

lunes, 24 de mayo de 2010

LA COMPATIBILIDAD DE LA HIPOCRESÍA...


Se había tenido que sentar. No es que estuviera cansada, sino que sus piernas no lo sostenían. Con los tobillos cruzados y la espalda tensa, se dispuso a abrir el sobre que esperaba encima de la mesa. La cogió con esa única intención, pero el temblor de sus manos era tal, que no puedo sostenerla, y cayó de nuevo a la mesa... regresando a la espera.
Trató de calmarse. Respiró profundamente, estiró sus dedos y se preparó mental y físicamente para el segundo intento, pero sus manos no paraban de convulsionarse, tan enérgicamente que le resultaba imposible coordinarlas para rasgar el sobre.
Tuvo que volver a desistir. Se dispuso a aplicar todas la técnicas de relajación que había aprendido en esos años. Centró su energía, acomodó su respiración e intentó liberar su mente. No era algo que fuera a conseguir en ese momento, pero al menos el mero intento lo mejoró. “A la tercera va la vencida” o eso se repetía. Sus manos, en el nuevo intento, se posaron sobre la carta y aunque inseguras, esta vez logró mantenerlas controladas el tiempo necesario para abrirla. Desdoblaba los pliegues del papel todo lo rápido que podía porque sentía como el ataque de pánico o de ansiedad (nunca supo distinguir esos términos) corría a su encuentro. El corazón empezaba a latirle como caballo desbocado, y la respiración se entrecortaba y agitaba hasta el punto de llegar caso a hiperventilar...
Comenzó a leer la carta...
...
...sus ojos permanecían fijos en un punto concreto del escrito. Sintió como estos se le llenaban de lágrimas, tanto que parecían aumentar de tamaño, como si sus globos oculares fueran hinchándose y estuvieran a punto de estallar, pero no quería dejarlo salir, se negaba. Tanto así que sus ojos llegaron, realmente a dolerle de la presión. Pero no lloraría, no lo haría, no ahora.
Dejó la carta sobre la mesa...
Al descubierto quedó la frase que había fijado su atención de aquella terrible manera, la que creó aquella situación, la que dio lugar al presente desenlace, y antes al previo agónico que había experimentado. Sólo aquella frase...
LA COMPATIBILIDAD DEL DONANTE ES DEL 98.9% la operación es viable, se procederá a la misma, para ello póngase en contacto con...
...
Ahora todo era posible. Los planes de futuro, los sueños, la felicidad, al menos la suya y bastante le había costado, no era el momento de pensar en el donante, no ahora, no en este momento. Tampoco era el momento de pensar cómo lo había logrado, no ahora, puede que nunca. Tal vez después de la operación podría volver a pensar en lo que estaba mal en el tráfico de órganos, pero no ahora, no era el momento....

(Junto a la carta sin remite del “donante” se encontraba otra carta, aun por cerrar... El título del escrito era: CARTA DE RENUNCIA, la firma del mismo: Director del Banco de Órganos de ....(qué importa dónde)

Hasta la próxima desconexión!!!!

domingo, 18 de abril de 2010

EDAD: 33 AÑOS


Las 11.16 horas.

Estaba tumbado sobre la cama, con las esposas fijando sus pies y sus muñecas a aquellos finos, pero resistentes, barrotes de acero. Su cuerpo estaba tenso, como la cuerda de una guitarra. Cualquier cosa podría hacerlo saltar, sólo que estaba encadenado. Quedaba tan poco por hacer. Tenía 33 años. Qué ironía. Nunca había sido creyente, pero ahora iba a compartir un destino parecido con aquél Ser, al que medio mundo adoraba. Claro que a él no lo crucificarían, ni había sido culpado injustamente, pero tampoco había tenido sueños de grandeza y se había proclamado Hijo de Dios, así que casi estaban a “mano”. Esa idea le hizo sonreír, estaba claro que los nervios le empezaban a jugar una mala pasada, qué clase de pensamientos eran esos. El único parecido que tenían es que ambos habían sido juzgados, y declarados culpables y ambos serían ejecutados a la edad de 33 años. Por lo demás, nada tenían que ver sus vidas...

Recordaba cuando lo instruyeron para comenzar a delinquir. Tenía nueve años, cuando sus hermanos y padres le enseñaron a colarse en las tiendas y en las casas para robar, aprovechándose de su minoridad de edad. Era algo seguro. Le habían dicho muchas veces que lo peor que podía pasarle es que, los dueños, le dieran unos golpes si lo pillaban, pero nada más y debía sacrificarse por la familia. Debían comer. Ellos no podía porque acabarían en la cárcel, pero él, era otra cosa, era impune a todo lo que pudieran intentar.

Pero sí había una consecuencia que nadie le explicó. Algo que le haría perder todo lo que su infancia le debía regalar. Recuerdos y situaciones que quedaron en el “Debe” de la cuenta de su vida. Entró, por primera vez a un centro de menores con catorce años, allí fue el principio del fin. Todo estaba abocado a este final. Habían transcurrido los años y ahora, a los treinta y tres, la “contabilidad” de su vida jamás “cuadraría”...

Las 12.30 horas.

El médico esperaba para la inyección, con su cara de tedio. Su trabajo no era el más estimulante, nunca estudió la carrera por vocación, pero tampoco esperó convertirse en un verdugo. Siempre creyó que tales cosas se habían acabado en los tiempos remotos que exhibían las películas. Pero ahora, todo era más frío, más limpio, más “humano”. Lo que no había cambiado era el hecho de convertirlo en un espectáculo. Pura y llanamente, nunca entendería por qué se encontraba rodeado por una pecera de cristal. Era como un pez sin agua. Y no creía que fuera mejor para el preso. Si al menos fuera algo íntimo, algo que no pareciera un circo... Pero no. Allí estaba, con su tez lívida, de nuevo frente a la galería. Intentado poner pose de profesional, ante la inminente ejecución. No sabía que había hecho el chico al que hoy despojaría de su vida. Hacía mucho que había dado orden de no conocer los expedientes, antes le servían para justificar sus acciones, ahora sólo le daban más quebraderos de cabeza, intentado decidir si realmente se lo merecía o no. “Es un trabajo, no es responsabilidad tuya” se repetía una y otra vez. Pero aquellos que firmaban las sentencias no manchaban sus almas con la muerte de los presos, no los veían apagarse delante de ellos, con esa mirada de pánico que, al final, todos mostraban. Esa mirada que se clavaba en su mente por la noches y lo dejaba despierto sin remedio. “Esta es la última, dimitiré” volvía a repetir frente al espejo del baño todas aquellas noches de insomnio. Pero con las luces del día los fantasmas volvía a esconderse y las facturas y responsabilidades aparecían. “Total, no puede ser peor de lo que ya es, si me voy ahora nada cambiará” y regresaba a su puesto de trabajo, en un círculo vicioso, sin visos de acabar.

Ya es la hora.

Vio al chico entrar a la “pecera” con su mejor pose, haciendo un intento por mantener la calma.

-Como todos- pensó- Pero no te durará demasiado porque, en realidad, esto es profundamente aterrador. Así que no te preocupes por aparentar, llora, grita, ruega, pide perdón, suplica, pude que no cambie nada, pero que no te avergüence, porque de verdad es algo horrible. Incluso puede que incomodes a alguien y que por fin se de cuenta de lo que realmente se hace dentro de esta limpia y pulcra pecera. ¿Por qué todos se empeñan en aparentar que no es nada? Yo no puedo aguantarlo más...

Las 22.35 horas.

Sentado en el sofá de su casa, con la tele encendida en una de esas series cómicas que abundan en la televisión estos días. Una de esas cuyo guión es predecible sus chistes infinitamente utilizados y sus actuaciones mediocres, iluminaba tenuemente la habitación. Su mano aferrada sobre el mando...

Las 22.50 horas.

Descubren en el inventario, que faltan dosis de las inyecciones letales. Miran los pases de seguridad. Desde el último inventario, sólo han entrado dos personas, una está en ese momento haciendo el recuento, la otra es el médico...

Las 23.16 horas.

La policía encuentra el cuerpo del médico en la misma posición. Con varias agujas clavadas. Nadie se explica cómo tuvo la sangre fría para hacerlo, era un procedimiento macabro. Uno de los policías levantó acta de lo ocurrido...

-Tenía 33 años...