martes, 1 de septiembre de 2009

LA PRINCESA Y LA ROSA


La princesa estaba en pie en el centro del gran salón. Toda la Corte mantenía un tenso y prolongado silencio. Estaban a la espera de lo que iba a anunciar.
No podía seguir retrasándolo por más tiempo. Todos en el reino esperaban su desposar, pero a pesar de los numerosos pretendientes ella no aceptaba a nadie.


Hoy era el día. El rumor había cundido de boca en boca por toda la capital. Se insistía en que la princesa pondría a prueba a sus posibles esposos y debería decidir en una semana, como máximo, quién sería el futuro Rey.
La protagonista de aquel rumor, estaba insegura. No se trataba de inmadurez, caprichos egoístas o simplemente orgullo. No, era algo más sencillo. No conocía el amor. No deseaba casarse en semejantes circunstancias, pero el reino lo había exigido y se debía a él. Su privilegiada posición le requería sacrificios, y éste era uno de ellos. No podía huir.

Su esbelto cuerpo resaltaba entre la multitud congregada. Levantó una mano. En ella sostenía una hermosa y temprana rosa blanca.

-He aquí el rival que deberéis vencer para convertiros en Rey- el silencio se expandió como reguero de pólvora.


- En una semana aquel que consiga transformar esta rosa blanca en una rosa roja será llamado Mi Rey.


Los sirvientes repartieron una rosa a cada príncipe. Todos estaban sumamente desconcertados ¿Cómo era posible transformar aquella rosa? ¿Era esta una artimaña para evitar el compromiso? Pero ninguno de los competidores quería desmerecer ante los demás, por lo que asumieron el reto y se marcharon a meditar una posible solución que les acarreara un reino..........



Los días fueron pasando y los príncipes no aparecían. Todo el reino estaba ansioso por conocer las buenas nuevas.


Cada uno de los pretendientes fue llegando al castillo. Se acompañaba su entrada con música, vítores, bailes y todas las demostraciones de alegría que las gentes fueron capaces de realizar. Sin duda era una gran fiesta, para los habitantes de reino.


Había un gran contraste al acceder al Gran Salón, puesto que allí el silencio era atronador. Nada, salvo el respirar de los reunidos, podía oírse en la inmensa sala.

Uno a uno los príncipes avanzaron ante la princesa.


El primero de ellos, había pintado la rosa con una delicada pintura roja, pero a consecuencia de ese baño de color la rosa se marchitaba rápidamente. La cara de la princesa reflejó el horror que aquella visión le provocaba. Se enfureció y lo echó del reino. ¿Cómo se le había ocurrido destruir su hermosa flor de aquella manera? ¿Es que no le importaba aquel sacrificio? No, no podía ser el rey. Varios pretendientes más abandonaron el Salón puesto que habían compartido la misma resolución que el anterior.


El segundo que se atrevió a enfrentar a la princesa había cubierto la rosa con un tul rojo. Ella le agradeció que no hubiera lastimado la flor, pero aquello sólo era una apariencia, un engaño.
- No busco un Rey “en apariencia Rey”, sino uno que lo sea realmente - No podía aceptarlo.
Lo rechazó amablemente.


El tercero colocó unas lentes tintadas, sobre su rostro, y luego le mostró la misma rosa blanca. Ella sonrió ante la ocurrencia, pero tampoco lo aceptó.
-Éste es un bello truco, pero con él sólo yo puedo ver la rosa roja, y no busco un Rey que se comporte sólo ante mí como tal, sino uno que pueda ser apreciado por todos los habitantes de mi reino-.


El cuarto de los príncipes le enseñó la rosa blanca, y la hizo desaparecer entre sus manos, en su lugar apareció una hermosa rosa roja. Se postró ante sus pies y se la entregó.
-Estimado Príncipe- le dijo obligándole a levantar la vista hacia su rostro- La magia ha sido muy emocionante, pero ésta no es mi rosa, sino otra diferente, sólo la cambiaste por una nueva. Yo no deseo un Rey que pueda cambiar tan fácilmente, sino uno que sea justo, firme e inmutable cuando sea necesario-.


El quinto aspirante trajo dos mil rosas rojas y se las ofreció.

-Si tanto os gustan las rosas rojas ¿Por qué conformarse con una rosa roja si puedo entregaros miles?
-Porque sólo necesito un Rey, y no miles, mi estimado príncipe.

De este modo fue despachando a cada uno de los candidatos. La Corte empezaba a desesperarse. No encontrarían un Rey, si su actitud se mantenía.


El último de los príncipes que tuvo el valor de aproximarse a la princesa, le mostró la flor inmaculada. Se acercó más a ella, tomó su mano y se la devolvió:
- ¿No has podido transformarla?- su expresión era cautelosa.
- Ni tan siquiera lo intenté- respondió altivo el príncipe. Ella sintió como si la desafiara.


Ella estaba desconcertada y también algo desconcertada ante su inexpresivo semblante. Había un hecho que no encajaba ¿Había realizado todo el viaje para, simplemente, devolverle la rosa?


- ¿Cuál es el motivo de tu asistencia en el Gran Salón, entonces?
- Casarme con la princesa, por supuesto.


Aunque trató de disimularlo la sorpresa cubrió todos los rasgos de su rostro, por una fracción de segundo.


-Para ello debes transformar la rosa- dijo tercamente, intentando adivinar qué juego era el que aquel príncipe traía entre sus manos.
-Mi princesa- dijo utilizando el posesivo de manera especial- ¿para ganar tu corazón debo sacrificar una hermosa rosa? Tal vez lo hiciera por eso, pero no para ganar tu reino. ¿Acaso debe perecer mi rosa como la de los otros príncipes? ¿Ese es el Rey que buscáis? Que interponga sus intereses al de la “rosa”- acabó su frase en tono burlón.
-Ya demostré que no. No debes dañar la rosa- se indignó.
-¿Deseas entonces que me convierta en una mago, en un embaucador, un farsante, como los otros príncipes y trate de engañarte?- lanzó una sonrisa muy significativa al resto de los príncipes.
-No por supuesto. Todos ellos fueron rechazados.
-Entonces ¿por qué pides un imposible? ¿Por qué has provocado este revuelo?


Ella no quería responder aquella pregunta. Se sentía acorralada, y no le gustaba esa sensación. Además no sabía que pretendía realmente aquel extravagante príncipe y eso la tenía tan tensa como la cuerda de un arpa.


-De acuerdo, sino queréis dar a conocer vuestros motivos. Decidme entonces que clase de Rey queréis para vuestro reino, y sus súbditos.
-Acaso ¿queréis uno valiente?-
continuó.
-Sí.
-Aquí hay muchos valientes. ¿Queréis uno inteligente?
-Sí
-Aquí también los hay valientes y los habéis rechazado. ¿Deseáis que sea justo y honrado?
-Por supuesto
-También los había entre los presentes ¿Qué es lo que les fallaba, entonces?


La princesa realmente no lo sabía. Sólo sabía que no eran ellos. Ninguno había conseguido transformar su rosa. Su cabeza empezaba a ofuscarse. Estaba alterada y quería acabar con aquello de una vez.

-Tal vez ¿busquéis un Rey que os ame?
Finalmente no supo qué contestar a aquella pregunta. ¿Quién era aquel príncipe? Tan impertinente. Tan frustrada se sentía, que incluso estaba enojada.


-¿Es posible que “queráis uno que sea capaz de dar su sangre o su vida por su princesa y su reino?
Tras meditar durante un espacio considerable de tiempo, dijo:


-Sí.
-Pues ese soy yo
.


El perseverante candidato sacó un cuchillo de entre su ropa y se hizo un corte muy profundo en su mano izquierda. La princesa dejó escapar un grito ahogado y dio un paso atrás; pero él la sujetó con su mano sana. Aferró la muñeca de la princesa, y aproximó la rosa que ella aun conservaba en su mano. Tras lo cual dejó caer la sangre de su herida sobre los pétalos de la tan citada rosa blanca.


La princesa dejó escapar una lágrima cuando alzó su vista desde la rosa al rostro del príncipe y le suplicó que se detuviera, pero él no la escuchó, apretó su mano un poco más para que la sangre cayera más aprisa hasta que cubrió cada resquicio de la flor. Entonces aflojó la presión que ejercía sobre la muñeca de ella y la soltó.


Su llanto había empeorado sin que apenas pudiera percibirlo


- ¡Basta!- gritó.


El príncipe se apartó. Toda la audiencia estaba en silencio después del altercado. Ella sintió su ropa húmeda por el llanto y descubrió que sus ojos se habían convertido en ríos de lágrimas, que habían empapado por entero su vestido. En ese instante rasgó su salada vestimenta y vendó la mano herida del príncipe.
Él sonrió:


-Ahí tenéis vuestra rosa roja, “mi princesa


Ella se giró y la contempló. Era cierto. La rosa estaba completamente transformada.

La boda se celebró poco después.


Cuenta la leyenda que aquella rosa fue plantada nuevamente y que jamás se secó. Todas las rosas que la rodeaban se volvían rojas y en poco tiempo todo el jardín del palacio lucía carmesí, pero ninguna otra pudo, nunca, igualar el color de aquella sangrante rosa primigenia.


Hasta la próxima desconexión!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

(De regreso de las vacaciones, que faltan que hacían eh?)

26 comentarios:

Castigadora dijo...

Este cuento está basado en una leyenda China muy conocida de la que tuve conocimiento hace poco, que se llama "La Leynda de la Rosa Azul"

Gracias a todos los que os pasáteis por aquí mientras estuve desconectada! De a poquito me pondré al día con todos vosotros!!!!!!
Besos

Miguelo dijo...

es un cuento bonito. no se porq pero me sonaba remotamente, quizas de alguna peli o algo

Matriarca dijo...

hola castigadora es un cuento muy bonito,ya te echaba de menos,espero que sigas ahi siempre.

besos

jordicine dijo...

Me ha gustado mucho. Y bienvenida de nuevo! Besos.

Herman dijo...

Bienvenida, Castigadora, tras el largo verano. Te sigo leyendo, aunque esté callado casi siempre.
Un beso

Castigadora dijo...

MIGUELO: Yo ni siquiera conocía la Leyenda original. LA emcionaron en una película asiatica y sentí curiosidad. Puede que haya una peli? Investigaré
BEsos

MATRIARCA: Siempre agradables palabras! Gracias
BEsos

JORDI: Ya toy! Con las pilas recargadas A ver cuanto duran?
BEsos

HERMAN: Bienvenido tú a mi casita. Hasta tus silencios son agradables y siempre se agradece que vengas a verme
BEsos

Cecy dijo...

Lindo cuento, me ha encantado leer, lo disfrute de principio a final.
Magnifico.
Gracias.

Pasalo lindo, y nos estamos leyendo.

Como siempre es un gran placer leerte.

Besos.
:)

oiril dijo...

Como siempre me has encantado con tu desconexion.

Lamento haberte recibido justito en un instante gris pero era solo eso, un instante en medio de otros cuantos de colores mas brillantes.

Te dejo mis besos. como siempre desde mi alma pero hoy con la intención de ventilar mi otro blog... el de mis pinitos seudo poéticos JAJAJAJA.

Una soñadora dijo...

Adoro los cuentos y este es simplemente bello.

Un beso.

Luchete dijo...

Me ha gustado muchísimo Casti, es sencillamente genial... espero y deseo que las vacas hayan sido fructíferas para ti, seguro q sí...

Un abrazo grande y buena semani!

Castigadora dijo...

CECY: Me alegra tenerte de vuelta. Nos leemos
Besos

OIRIL: Anque sea gris siempre es bueno volver a leerte.
Pasaré por tu otro blog más amenudo. Me gustó "la puta y el mar"
Besos

UNA SOÑADORA: Bienvenida a este pequeño rincón de letras. Encantada de que lo hayas disfrutado
Saludos

LUCHETE: Muchas gracias. No se si han sido fructiferas, pero me han venido que ni pintadas.
Muchos besos amigo

tetealca dijo...

Un cuento muy bonito y entretenido, aunque un poco largo para mi que acabo de volver de vacaciones. me alegra el que estes tu tambien de vuelta.
Un beso

Ñoco Le Bolo dijo...

… con la mirada sin desconectar…

Desde el principio estaba claro. La rosa blanca no era más que una rosa roja esperanza. Solo así el príncipe pudo afrontar la prueba sabiendo que resultaría ganador.
Lo que nadie sabía era que el aspirante era ¡un rojo republicano!

... sin castigar, besos desde CR & LMA
____________________________

CÉSAR ANTONIO dijo...

Genial. Super genial. Creí que los cuentos de princesas, reinos y competidores ya habían caducado; sin embargo usted ha ostentado con esta historia que las princesas aún existen.

Castigadora dijo...

TETEALCA: Si era pelín largo, debe ser que acumulé muchas letras en estas vacaciones
Me alegra verte de nuevo
Besos

ÑOCO: Un principe republicano? Umm creo que sería la primera vez que lo viera, jaja.
Me encantó tu comentario
Besos

CESAR ANTONIO: Bienvenido a mi rincón de cuentos. Encantada de que te guste. Permiteme tutearte, pues los que disfrutan con mis palabras pasan a ser amigos de esta Castigadora
Saludos!

Silvio dijo...

Joder, no me había dado cuenta que estaba de vacaciones. Bueno, vos también tienes tu derecho a desconectar. De todas maneras, sigo leyendo obediente todos tus textos, que disfruto sobremanera.

Besos y abrazos.

Castigadora dijo...

SILVIO: Pues sí que me fui de vacaciones, desconectando hasta de las desconexiones!! Me alegra que sigas disfrutando de los escritos!
Besos

Angork dijo...

me alegra que mi versión tenga otra versión nacida en parte de lo mío y de lo que imagino que viste, también mi versión proviene de otra, esa es la vida de todas las leyendas, nunca he leido ni oido una leyenda repetida igual dos veces, un placer que hayas pasado por mí y que algo te gustara

Anónimo dijo...

Vuelo Libre: Que románticaaa la castigadora estaa, siempre sometiendo a pruebas a los pobres príncipes¡¡¡
Asi no lo conseguimos eh?
A ver di dejas dde hacerles pruebas y te cojes a alguno.

Saludos

CECILIA dijo...

Mi chingu preciosa, esta bellisima esta historia y dime en que peli asiatica la escuchaste?

Muy buena la historia.

sayonara

Castigadora dijo...

VUELO LIBRE: Probarlos es lo más divertido!! (que pervertida!! jaja)
Besos

Castigadora dijo...

CECILIA: Chingú como me preguntas eso tú? Es de Hello my teacher! De tu queridiiisimo Gong Yoo!!! Jajajaja uy que fallo! No recuerdas que lo menciona en la serie?
Te leo querida!

CECILIA dijo...

Chincha? No tengo perdon de DIOS, no puede ser chingu y dejame decirte que es mi serie favorita jajaja. Tendré que verla de nuevo.

Gracias y si que gran fallo.

CECILIA dijo...

Otra vez aquí, lo siento chingu soy una curiosa y no pude evitar leer la historia original y te digo algo:

Me quedo con la tuya, me gustó mucho mas.

Saludos desde la distancia mi querida amiga.

Castigadora dijo...

CECILIA: Jaja, sabía que te iba a "doler" no haberlo reconocido, pero sí es de esa serie! Oppa estará muy disgustado, jiji. La ví y me llamó la atención así que lo busqué!
Con lectores como tu da gusto escribir lo que sea!! Que se nota que eres mi chungú!!
Saludos amiga!

CECILIA dijo...

Ah!!! si chingu, me duele el corazón no poder haberme dado cuenta de eso, (por favor no se lo digas a oppa).



Seguiré leyendo tus historias que cada vez me gustan mas.

Gracias y saludos